| Para
Volver a Volver por Juan Carlos Corika
Identidad Peronista: Razón de ser y Forma de ser
Suma de falsas opciones y causas. Entre el peronismo pragmático
de derecha e
izquierda. Alas derecha e izquierda no significa hibridez del eje
político-ideológico. Colonización mental y
ninguneo de la intelligentzia al
Justicialismo. Realidad cautiva y Tercerismo.
Que los partidos o movimientos políticos tengan alas de derecha
y de
izquierda sin duda alguna resulta "normal y natural".
Es natural que existan
vanguardistas o retardatarios, quienes ponen el acento en "el
orden" y
quienes lo ponen en "lo justo", quienes son maximalistas
y quienes
minimalistas por su personalidad o por su forma de leer y pensar
la
realidad. Todas las agrupaciones los tiene.
Teniendo esta posibilidad, lo que un partido o movimiento debe reflexionar
es sobre el peso que estas posiciones tienen en la identidad de
esas
agrupaciones políticas.
De la misma forma que la derecha-izquierda
coincide en reconocer que la
identidad peronista se llama "Justicia Social", coincide
en desconocer y
ningunear que de esa identidad es el pensamiento Justicialista.
Pensamiento
que contiene y representa plenamente su ethos político.
El domingo 16 de marzo (2003) el suplemnto
polítco de la edición dominical
del diario Clarín presentó la cuestión de la
identidad del peronismo.
Mostrando a los que presentan al peronismo como una ameba camaleónica
que,
"pragmático", se pone a caballo de la corriente
política dominante en cada
época. Por eso nacionalista en los 40, socialista en los
60-70,
liberal-conservador en los '90.
Presenta a los que dicen, desde una lógica marxista, que
el peronismo va
necesariamente a una "reformulación ideológica"
por qué han cambiado los
tiempos, ha cambiado el sujeto político del peronismo (trabajador
industrial) y se ha diluido su organización (sindicalismo).
Lectura chata
propia del empirismo materialista tanto de derecha como de izquierda,
que
omite reconocer que el sujeto esencial del peronismo, el hombre
de pueblo,
no sólo ejercía la solidaridad en los puesto de trabajo
sino,
principalmente, en su territorio de vida: el barrio. Cuna y primer
escenario
de la cultura de la solidaridad que sigue vigente en la Argentina.
Ese
sujeto esencial sigue vivo, lo que implica no una "reformulación
ideológica"
sino un replanteo de las políticas con que contenerlo y promoverlo.
Seguirá
siendo la Justicia Social la polea que plasmará en políticas
e instituciones
adecuadas al momento histórico y sus demandas de coyuntura.
Sólo para Progres
En la lectura progre de la mayoría
de los entrevistados, se presenta a la
"unión" de la gente a fines del 2001 como un "provisorio
cemento" producto
del "estado de exasperación". Un argumento que,
desde una perspectiva
estática propia del fundamentalismo abstracto de ése
sector, sirve para
reducir e invertir la interpretación de los fenómenos
sociales, dejándolos
en los estrechos márgenes de realismo, ya no como descriptivos
sino como
connaturales a las conductas de los hombres: "las voluntades
políticas
provienen no de los ideales sino de los intereses de poder".
Sin embargo, les guste o no a los seudo analistas
universales, los países
coloniales de última generación formaron sus naciones-estados
desde otros
orígenes: Los procesos independistas si bien tuvieron su
faceta de
movimientos defensores de sus intereses "nacionales",
tuvieron un motor más
que importante en una corriente asentada un fuerte idealismo que
le dio
vuelo al proceso emancipador.
Los estados-nación americanos a diferencia de los europeos,
como reconoce
Oscar Oszlak en su libro "La formación del estado argentino"
(1), existió el
condimento de un fuerte idealismo que buscaron domesticar los dueños
de la
palabra racional emitida desde el Norte desarrollado y la intelligentzia
colonizada-colonizante.
Perón, latinoamericano, hablaba de
"unidad de concepción" y, en los '70,
hizo bandera del "para un argentino no hay nada mejor que otro
argentino".
Si entendemos como esencial la necesidad de cohesión interior
que los
pueblos de los países del tercer mundo necesitan para hacer
posible su
desarrollo, veremos cómo ése hilo articulador que
enlaza plurales
voluntades, sinergiza poder y hace posible la unidad de acción
(2). Así, la
unidad de concepción se transforma en el poder ligante de
la unidad de
acción y coloca a los intereses sectoriales o parciales detrás
de los
grandes objetivos que conducen convergentemente hacia la masa crítica
de
poder que sostiene el predominio del bien común y el interés
general como
motor político por encima de toda otra motivación.
La percepción de la realidad en perspectiva histórica
le dan a la conciencia
colectiva un sentido superior que facilita el manejo de los tiempos
y la
conducción de quién lidera las políticas. No
es el conflicto de intereses
entonces los que hay que gestionar sino que, por el contrario, se
dan
condiciones de convergencia que permite aunar (articular) las
"representaciones" de los distintos sujetos y grupos sociales.
Articulación
a la que se niegan tanto los factores de poder por razones obvias
y se le
suman los inteligentes miopes por efecto de su fundamentalismo ideológico
liberal-positivista.
En la nota de referencia también aparecen quienes aseguran
-desde el mito
peronista que las peleas son parte de su folklore- que los tres
candidatos
actuales sólo usan disfraces de momento "que van a desaparecer
cuando
termine el proceso electoral" y gane alguno de ellos. En ese
caso, dicen, se
dará una "purga" por la que un grupo mínimo
será expulsado y la mayoría se
asimilara a la línea ganadora (Carlos Corach en Zona 16/3/03
y Antonio
Cafiero en Cartas a Clarín del 10/3/03). Aparecen también
los que dicen,
desde otra falsa disyuntiva, que el peronismo no debe ser "ni
el del 45 ni
el del 90. Ni abrir el país en forma irrestricta ni cerrarlo
sobre sí
mismo".
Desde la acción política, para
el hoy y ahora, el peronismo justicialista
tiene memoria conceptual propia que le avisa: 1) qué Perón
utilizó la
corriente de época siempre que resultaba funcional a los
objetivos del
justicialismo, 2) qué el realismo justicialista se basa en
tomar la
realidad como punto de arranque y no como ancla y, 3) qué
la función
política que le da sentido y legitimidad al justicialismo
es la de ser la
fuerza política que establece políticas cuyas metas
estén en la dirección
dónde están las necesidades y anhelos que el pueblo
argentino reclama. Por
eso resulta tragicómico escuchar a enrolados en el peronismo
hablar de
"gobernabilidad" al movimiento que claramente mostró
que una cosa es acceder
al gobierno y muy otra al poder ("Cámpora al Gobierno,
Perón al poder" en
1973). En las antípodas, hoy, "gobernabilidad"
es mucho menos que
"gobierno". "Gobernabilidad" significa lisa
y llanamente transar con las
demandas de los factores de poder mientras que "gobierno"
significa gobernar
con políticas que respondan a las demandas del pueblo y a
los intereses de
la Nación.
Realidad cautiva
Frente a esta realidad indeseada donde estamos
encerrados. Realidad cautiva.
No se debe olvidar la secuencia de los sucesos políticos
que la
estructuraron. No se debe olvidar y sí se debe entender que
por el poder
sobre las elites dirigenciales del discurso "progre" en
el '83 se tomó una
errónea decisión clave que terminó generando
un vacío en la arquitectura
institucional por dónde se filtró la debilidad política
que debía sostener,
cohesionar y potenciar el proceso democrático. Ese grave
error frustró la
necesaria continuidad de la Multipartidaria transformada en "Consejo
para el
Proyecto Nacional" que demarcara el horizonte político
dónde los intereses
convergieran y se articularan (horizonte de referencia para el mediano
y
largo plazo), colocando el "Consejo Económico Social"
que servía sólo para
el corto plazo y generaba un foco de tensión que cerraba
el juego político
dentro de intereses pensados y administrados como contrapuestos.
Clásico error mecanicista de los "asesores" de
la democracia liberal que en
lugar de pensarla como ámbito institucional dónde
los intereses se realizan
articulados, es pensada como "mediadora" de intereses
antagónicos.
Luego, como no podía ser de otra forma en un país
subdesarrollado dónde las
demandas superan a los recursos y las urgencias a las soluciones,
se dieron
una secuencia con el efecto de escalada donde los encontronazos
y fricciones
primero degradaron y luego terminaron por frustrar la oportunidad
histórica:
la UCR y el sindicalismo ("representando" al PJ) buscaron
imponerse
políticamente (está demás decir que perdieron
los dos), los progres
aportaron otro de sus "inventos" de época por el
que convencieron a una gran
mayoría de que los movimientos sociales eran la panacea política
que venía a
superar a los políticos y sus agrupaciones "portadores
del virus de la
corrupción y el sectarismo" (aparecieron las ONG). También
siguieron
confundiendo a la opinión pública y a los dirigentes
miopes a partir de
enfrentar una "virtuosa" sociedad civil contrapuesta a
una insanable razón
de estado (como si en democracia ambas no fueran parte de un conjunto
que se
llama pueblo-nación democráticamente organizado).
Mientras todo esto minaba la capacidad de gobierno del presidente
electo,
éste (Raúl Alfonsín) desbordado por la suma
de estas miopías y el creciente
acoso de los factores de poder económico (no el militar como
los progres y
los pícaros factores decían) produjo el primer autogolpe
político (26/04/85)
a través de su "declaración" de una "economía
de guerra" que reabrió el
espacio del discurso neoliberal (del "achicar el estado es
agrandar la
nación"). Es central, al recordar este hecho, la actitud
de la "prensa
plural y libre" que borró de la memoria colectiva esta
suceso clave
ocultándolo detrás de otro suceso tan aparatoso como
insustancial al que se
recuerda como "los hechos de Semana Santa del 87". Este
insulso hecho -
donde los progres que "viven" del discurso pacifista-libertario
y
antimilitar, mucho aportaron- les sirvió a los factores de
poder (sector
económico-financiero y real dueño del poder sobre
el gobierno de turno) de
cortina para acelerar los tiempos y posicionarse definitivamente
como poder
(parainstitucional, de facto) detrás del poder de jure. Dos
años después
(1989), ante un radicalismo que no terminaba de digerir su derrota
programática, se estrenó la nueva táctica con
que el modelo mercantilista
castigaba "legal y civilizadamente" a los herejes, el
"golpe de mercado". A
este nuevo mecanismo de coacción y disciplinamiento político
le siguió la
hiperinflación más un nuevo autogolpe de estado: la
traición de Menem al
peronismo concretada entre la fecha de su elección (mayo
89) y la fecha de
asunción (julio 89). Resultado final: imposición del
posibilismo, del lápiz
rojo antiestatal y, peor aún, la consecuencia práctica:
la degradación del
accionar político y la declinación-corrupción
de las conductas políticas de
la dirigencia. Y, peor aún, la derrota subjetiva y objetiva
de las
esperanzas del pueblo.
Dice el sector realista del PJ, tanto "renovador"
como menemista, que "el
peronismo persistirá" por ser el portador de un "capitalismo
moderno" (se
borró de la marcha el "combatiendo al capital").
Sin embargo, esa
posibilidad solo será pensable para el peronismo partido
político. Al
peronismo profundo, el que nació para cumplir un papel justicialista
y
revolucionario, le quedara entonces, solo el camino de trabajar
en la
construcción de una nueva oportunidad como la del 45. Hacer
del pensamiento
Justicialista una referencia tan fuerte como profunda y funcional
para la
recuperación de las tres banderas (justa, libre y soberana)
que sostienen al
movimiento nacional y popular, difundiéndola hacia adentro
y afuera,
mostrando sus cualidades y calidades conceptuales de verdadera opción
ante
las remanidas alternativas materialistas y mecanicistas del liberalismo
conservador o el socialismo minimalista tanto como el maximalista
incluido
el marxismo, salvando del riesgo del ninguneo (colonizado) y el
olvido su
gran riqueza filo-ideológica.
Un pensamiento que frente a las alternativas del contractualismo
mercantilista o el colectivismo, tiene mucho por ofrecer aún.
Tiene junto al
modelo de la comunidad organizada la propuesta de generar un escenario
dónde
el hombre y la sociedad pueda vivir "humanamente" y realizándose
tanto en su
dimensión personal como en la social.
La alternativa negada: Tercerismo Justicialista
Por otra parte, advertidos del efecto del
ninguneo de origen colonizado, se
debe pensar que si el comunismo empezó y siguió siendo
lo que sus ejes
ideológicos le marcaban (más allá de ciertas
interpretaciones como las del
trotskysmo, las stalinistas, las leninistas o las de los que, desde
fuera
del núcleo soviético, se adhirieron, por caso el PC
italiano o el maoísmo
chino; qué el liberalismo empezó y sigue siendo lo
que sus ejes ideológicos
le marcaron; qué con el marxismo se da algo similar.
¿Por qué, entonces, reducir al peronismo justicialista
a sus avatares de
fuerza política de gobierno y darle un trato peyorativo al
pensamiento
justicialista que contiene una virtuosa mirada política asentada
en una
cosmovisión trascendente con una concepción del hombre
y la sociedad
verdaderamente humanista, vitalista y sistémica? ¿Cómo
excluir del universo
político un pensamiento profundo y coherente que rompe con
la chatura
conceptual de esas corrientes nacidas del mecanicista dualismo moderno
estructurado en un mundo de hace 700 años, diametralmente
distinto al
actual? Ideologías de manta corta y escenarios de suma cero
que estimulan
los conflictos en lugar de resolverlos. Ideologías que "científicamente"
se
han mostrado más que insuficientes y disfuncionales para
conducir el sentido
común de la sociedad y el mundo.
Por otra parte, es importante advertir cómo
esta particularidad de ser
opción realmente diferente, ha incidido en el proceso de
adhesión de los
distintos grupos que se sumaron desde el 45 a nuestros días
al peronismo. No
es como dice el primer analista de referencia en la nota del suplemento
que identifica cómo de "filiación peronista".
En cuya cuestionable opinión
apela a una rara mezcla de realismo con diplomacia y dice que el
peronismo
es "un movimiento de afirmación nacional en un país
crónicamente
dependiente" situación de debilidad que lo ha "obligado
a enmasacarse con
las ideologías episódicamente dominantes. Fue por
eso, en los 40-50 el
peronismo ostentó rasgos fascistoides, en los 60-70 se desenvolvió
bajo la
máscara del socialismo y en los 80-90 del neoliberalismo".
Más bien, debería explicarse que el peronismo como
movimiento de masas ha
venido incorporando sucesivas camadas de militantes y dirigentes
llegados de
las diversas ideologías políticas existentes. Así,
esos incorporados, más
que conocer al pensamiento justicialista por el contrario siguieron
consultando y pensando desde categorías venidas de sus ideologías
de origen.
Así como se sumaron conservadores y nacionalistas que se
hicieron
"populares", lo hicieron socialistas y liberales que se
hicieron
"nacionales". Valga como ejemplo el caso de la incorporación
de sectores
marxistas en la década del 60. Estos llegaron al peronismo
después de un
periplo por China dónde al presentarse ante Mao como "maoístas"
éste les
contestó, "Ah, son peronistas". Volvieron y, así,
se sumaron al peronismo.
Por eso cuando se analiza y polemiza sobre la cuestión de
la identidad
peronista, resulta central hacer una operación racional básica:
la razón de
ser (que todos reconocen que es la de instaurar la justicia social,
implica
y contiene una forma de ser-hacer que deviene de su forma de pensar
la
realidad. Percepción-conceptualización del ser de
la vida, del ser del ser
humano y la sociedad, de las necesidades y anhelos, que desembocan
en un ser
del mundo que debe ser contenido y potenciado dentro de un pensamiento
"coherente" con tales referencias conceptuales básicas
que en el peronismo
se llama: Justicialismo.
Así, la identidad del peronismo emerge
de su posición humanista, a la vez
trascendente y vitalmente situada, con un proyecto nacional y popular,
elaborado desde un pensamiento que se lo conoce como Justicialista,
dónde la
justicia no está disociada de la paz (si quieres la paz trabaja
por la
justicia), dónde la libertad es "para" realizar
y realizarse en el bien
común (libertad de "encuentro"), dónde el
pluralismo no es la virtud de la
disidencia sino del enriquecimiento de las decisiones por consenso,
dónde la
soberanía es la que asegura la vigencia de la justicia social.
Dónde el
modelo de la Comunidad Organizada establece un escenario de suma
plus (donde
el juego no pasa por la competencia sino por la convivencia) que
está en las
antípodas del impuesto por las otras ideologías aún
vigentes que generan un
mundo de conflicto "resuelto" a través de un pueril
"contractualismo" de
suma cero (donde sí "el otro crece uno decrece").-
NOTAS:
(1) Editorial Planeta, Buenos Aires, Argentina
(1997). En América, "en la
idea de Nación se conjugan elementos materiales e ideales...
En las
experiencias europeas 'clásicas' la formación del
Estado supuso la formación
de un mercado y una clase burguesa nacional" (pág.17/18)
)... "el proceso de
emancipación constituye un punto común de arranque
en la experiencia
nacional de América Latina" (pág. 22).
(2) Por otra parte, el sistema dominante
que maneja la difusión o censura de
conceptos para asegurarse la estabilidad del modelo, viene escondiendo
con
el discurso de la diversidad y la virtud del pluralismo de disenso,
un
concepto medular. El concepto de Capital Social señala que
"la cohesión
social es el factor crítico para que las sociedades prosperen
económicamente
y para que el desarrollo sea sostenible". O sea que la cohesión
conforma la
base que estructurante de la capacidad. Por eso, a los propietarios
y
promotores del modelo globalizador, que la fragmentación
y los conflicto en
el frente interno les resulta ultra funcional contrario a las preexistencia
de los estado-nación, este concepto lo guardan con siete
llaves para
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