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Se perfila una nueva Zoncera

CULTURA: UNA MERA MERCANCIA ( Por Argentinazo)


La importancia que en los últimos tiempos ha adquirido la cultura en el aspecto comercial, ha reintroducido la discusión en el ámbito internacional acerca de cómo considerar a los bienes culturales, productos de la joven industria, en el marco de los tratados de comercio internacional.

Dos posiciones confrontan abiertamente:

• La de EEUU –una vez más como clara expresión de una política proteccionista y de defensa de sus propias industrias- pretendiendo equiparar a los bienes y servicios culturales con cualquier otra mercadería de consumo, reduciéndolos así a su mera dimensión económica.

• La otra, que plantea la imperiosa necesidad de que se excluya a los bienes culturales de las reglas mercantilistas que se aplican al resto de los productos y mercaderías en los mercados mundiales y sus organizaciones (OMC), sostenida por una gran mayoría de países que incluye Francia y Canadá.

Nos sumamos abierta y activamente al debate, asumiendo la última de las posiciones planteadas. Con la clara convicción de que es absolutamente necesario llevar adelante una intensa prédica en el ámbito nacional e internacional, para colaborar en la toma de conciencia, en la comprensión de la verdadera dimensión de lo que nuestro(s) país(es) pone(n) en juego asumiendo una u otra propuesta.
Sostenemos que la cultura es una herramienta de construcción de nacionalidad. De resguardo y defensa de nuestra identidad, y solo diseñando y ejecutando políticas soberanas de promoción, fomento, protección y regulación cultural, en el ámbito nacional, podremos mantener ese inalienable derecho. Sin una política cultural independiente que resguarde nuestra más íntima identidad no hay posibilidad alguna de ser, de sobrevivir en un mundo en que la globalización es, para enormes regiones del planeta, una autopista de mano única y de dirección obligatoria, de Norte a Sur. Que condenará al más absoluto silencio a las Naciones que carezcan de la firme voluntad de defender sus particularidades culturales.
Entendemos, al igual que muchas otras naciones de Iberoámerica, que tenemos pleno derecho –en realidad obligación- de preservar y poner en ejecución políticas esenciales e imprescindibles para el apoyo y el desarrollo de expresiones (industrias) culturales, ya que solo de ese modo podremos participar de lo universal, de lo global, con “ojos propios”. La complejidad que han tomado estas industrias de la cultura, no pueden estar regidas por una lógica de mercado que tiende a generar procesos de concentración y asimilación que limitan y atentan contra la riqueza de la diversidad cultural.
Como ballenas en el mar de la globalización muchas de las particularidades culturales varias veces centenarias como la nuestra corren peligro de extinción, no por vía de la renovación, el desarrollo o la modernización sino por la presión comercial, la imposición política y económica y la disolución.
No se trata, por supuesto, de plantear un anacrónico e irrealizable cierre de fronteras, ni impedir el ingreso de productos y bienes de otros centros culturales del globo sino de entender y defender la imprescindible diferencia de las expresiones culturales que generan particularidades, garantizando así un fluido intercambio en múltiples direcciones y sentidos (incluyendo por supuesto el de Sur a Norte).
Es el campo de la industria audiovisual el que nos puede servir de caso testigo para la ejemplificación: antes de lo cual sería oportuno recordar el acuerdo general sobre aranceles aduaneros y el comercio (GATT) que en su artículo 6 define el concepto de dumping como toda situación “...que permite la introducción de los productos de un país a un precio inferior a su valor normal” y que el mismo es condenable “...cuando causa o amenaza causar un perjuicio importante a una producción existente...”. Al ejemplo, entonces: la importación de películas no suele pagar impuesto alguno, ya que el “producto cinematográfico” y de mayor costo ingresa a través de lo que se denomina internegativo (copia del negativo original) como bien temporario, con el agregado que las grandes producciones audiovisuales ya han recuperado, al ingresar a nuestro mercado, el total de su costo de producción en su mercado de origen, con lo cual el ingreso conseguido en el nuestro es ganancia neta. Aun, teniendo en cuenta el alto costo de copiado en relación al valor de la entrada, es absolutamente ventajoso en comparación con el costo de producción total de una película nacional, que aspira a recuperar la inversión en el mercado nacional.
Esta circunstancia, este escenario, se repite en la casi totalidad de los países del mundo, lo que implica que no estamos solos en la necesidad de defender la producción cultural que nos representa
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