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Dos aportes a la cultura nacional (
Por Domingo Arcomano )
Incorporamos a nuestra página noticias sobre dos obras que
tendrán, sin duda, repercusión polémica sobre
el debate en torno a nuestra cultura: Autor: Domingo Arcomano
Editorial: Fundación Bartolomé Hidalgo (2003)"PERON:
Guerra y política -Las fuentes militares de Conducción
Política" , de la que reproducimos su Introducción
y sus Conclusiones constituye una investigación original
(no reconoce antecedentes en el tema) sobre un aspecto de la formación
intelectual de Juan Domingo Perón, en relación al
cual se han vertido apreciaciones aventuradas, cuando no teñidas
de mala fe y ausencia de espíritu crítico. Situaciones
estas agravadas por provenir de ámbitos y personas vinculados
al mundo académico. Una obra que podrá ser leída
no solamente en función de sus aportes de investigación,
sino como cuestionamiento a la "práctica de la historia"
vigente en nuestro país, en la cual los enunciados genéricos,
altisonantes y cargados de las mejores intenciones moralizadoras
encubren la acción de grupos auto referentes, los que, excluyendo
el pensamiento nacional, operan como vectores del pensamiento colonial.
"PERON: GUERRA Y POLITICA - Las fuentes militares de Conducción
Política"
INTRODUCCIÓN
Nos proponemos presentar en este libro el estudio de un aspecto
que nos parece central en la biografía intelectual de Juan
Domingo Perón (1895-1974): las fuentes militares de "Conducción
política". Siempre mentadas en forma indirecta a partir
de afirmaciones genéricas --a su vez dependientes del bagaje
conceptual de la ideología antiperonista--, su deficiente
abordaje es una de las derivaciones casi fatales del fundado divorcio
--aún existente en tierras americanas-- entre sociedad civil
y corporación militar y de la desconfianza recíproca
que condena al antagonista de ese drama a una supuesta incompetencia
en cualquier materia que no se le supone específica.Determinadas
por la proyección histórica del personaje -la máxima
figura política del siglo XX argentino-- las pasiones en
torno suyo relegaron voluntaria, y a veces maliciosamente, toda
consideración racional de su formación intelectual.
Fueron relegadas prácticamente a la inexistencia el estudio
de sus lecturas formativas, la instrumentación de las mismas
y, en el camino, la consideración de las inevitables modificaciones
de los aspectos dogmáticos de teorías y conceptos
por parte de quien, ostensiblemente, guardaba con ellos una relación
marcadamente instrumental.Aquí radican las causas --responsabilidad
de propios y extraños-- de esta ausencia que hoy gravita
como una deuda. Un aspecto de esa consideración lo constituirá
inevitablemente el rastreo y ponderación de las fuentes utilizadas
por el propio Perón, en forma explícita o no, en el
génesis de su propia producción intelectual.La aceptación
o rechazo en bloque de sus pensamientos juzgados a la luz de su
accionar político es el trasunto de su relevancia crítica
(es decir, de ruptura, apertura y... cierre?) en la historia del
pensamiento político argentino."Hijo de su siglo",
como cualquier líder político, será en las
concretas determinantes biográficas, con más las históricas
-nacionales e internacionales-, donde deberán buscarse los
principios del conocimiento fundado de su pensar y de su obrar,
con vistas a superar las interpretaciones de puro sesgo partidario;
o, superando el escenario local, de toma de partido "histórico"
a la que nos tienen acostumbrados más de una simplificación
europea o de factura anglosajona.Las fuentes teóricas de
las que se nutrió, básicamente militares en la primera
mitad de su vida, en un contexto de positivismo tardío y
de reacción contra éste tal como se daban en la Argentina
de las primeras décadas del s.XX (1), constituyen el marco
de referencia válido para abordar la faceta de su pensamiento
que nos hemos propuesta como objeto de estudio.Estos tres aspectos
-determinantes históricas, fuentes teóricas y contexto
ideológico-- nos han llevado a establecer referencias y comparaciones
cuya finalidad es la
de presentar en panorama y criticar aquellas generalizaciones sin
fundamento que, debiendo estar superadas por la investigación
histórica, aún se hallan prestigiadas como criterios
de verdad de conocimientos que no acaban de constituirse.Vinculado
al tema principal, hemos intentado establecer el método que
preside la utilización que Perón hace de la teoría
militar a través de los aportes, selectivos, de Clausewitz,
Von der Goltz (parte del bagaje de aquél, mediatizado por
la concepción de la guerra moderna de este último)
y del mariscal Ferdinand Foch. Esta metodología resultó
coherente y funcional a la tarea didáctica de Perón
en la década del 30, y será retomada dos décadas
más tarde, ya como Presidente de la Nación, a través
de un giro simple, pero original, de conceptos deslizados desde
la teoría militar al campo de la política práctica,
presentada a partir de reglas generales de acción.Centraremos,
entonces, nuestro objetivo en el vínculo entre la Teoría
de la Guerra y la Teoría de la "Conducción Política"
, tal como la elabora y presenta Perón.En 1951, tuvieron
lugar una serie de clases de Juan Domingo Perón, las que,
recopiladas dieron origen a la obra "Conducción Política".
No obstante su origen docente -actividad para la que estaba particularmente
entrenado su autor-- devino en un pequeño tratado sobre la
acción política, desde la perspectiva de la conducción
política, entendida ésta por el propio autor como
"capacitación para la conducción".Si bien
el resumen propuesto por Perón se articula en el seno de
la sociedad civil (entendemos civil como el ámbito donde
se desenvuelve la acción política, y lo diferenciado
en tiempos de paz, de la función militar), resulta perceptible
su origen en los ámbitos de la Teoría y la Historia
Militar.
Por ello, el problema a investigar lo hemos centrado en las fuentes
y en el carácter de aquella vinculación; en el proceso
de construcción de conceptos, en las derivaciones conceptuales,
sus articulaciones y la construcción de la teoría
de la conducción.Este camino nos ha llevado a establecer
una correlación entre el rastreo de fuentes (enfoque histórico-genético)
considerando el pensamiento de Perón en torno a la conducción
como un pensamiento en desarrollo, y el análisis interno
del pensamiento (enfoque sistemático) a través de
su despliegue, atendiendo a su perceptible unidad latente o manifiesta.El
vínculo entre la Teoría de la Guerra y la política
tiene, a su vez, supuestos y derivaciones de no escasa envergadura,
para la conformación de la teoría de la "conducción
política":1) La misma asienta sobre un paradigma negativo
de interpretación de la naturaleza humana (pesimismo, aunque
matizado, no radical, "abierto" y "evolutivo");2)
La teoría de la conducción opera sobre una determinada
"situación": la "era de las masas" que
tenía su correlato teórico en las obras militares
de la época y en la de pensadores tales como Ortega y Gasset
y Gustave Le Bon, muy difundidos en el mundo de habla hispana de
entreguerras (Ia. y IIa. Guerra Mundial );3) La formulación
tripartita (conductor, cuadros, masa) resulta el eje articulador
de la obra principal de Perón en nuestro contexto de análisis
("Conducción Política"), cuyo origen es
rastreable, entre otros, en Clausewitz;4) La necesidad de "préstamos"
conceptuales, desde el ámbito de la Teoría de la Guerra
al de la teoría política para hacer comprensible el
nuevo diseño político, dando lugar a "trasvasamientos".
Éste es un concepto clave para comprender el pensamiento
de Perón en este punto. Aquí entendemos el trasvasamiento
como un proceso de adaptación teórica a partir de
una resemantización, configurándose dicha adaptación,
a través de :a) La parcialización de conceptos originales
(a partir de una pluralidad de fuentes: historiadores clásicos,
teóricos de la guerra, filósofos, etc.);
b) La reducción del campo semántico (que se subordina
al caso práctico);
c) La ampliación del campo semántico (para englobar
situaciones nuevas);
d) La incorporación de elementos nuevos al concepto original
(tendientes a una nueva presentación o a su inclusión
en otra elaboración o marco de referencia teóricos);5)
La política entendida en su concepto clásico, con
sentido "agonal", de lucha (pero no en un sentido extremo,
schmittiano, de "amigo/enemigo") desustancializada del
sentido aniquilador, aunque sí desmovilizador, del adversario;
la política entendida como una acción de riesgo existencial,
diseñada sobre la matriz de la "teoría de la
guerra", pero sin las consecuencias disvaliosas de la guerra,
aunque en "Conducción Política" existen
exabruptos que inducen a pensar lo contrario y que creemos atribuible
al carácter coloquial de su origen.6) El rasgo absorbente
de la actividad política, que apunta a una creciente uniformización
del consenso.
7) Mientras la conceptualización de Clausewitz subordina
la guerra a la política, en Perón la política
(como fin) tiene un medio (la política): la concepción
resulta circular, porque mientras en Clausewitz el objetivo de la
guerra es la derrota del enemigo y la consecución de la paz,
y la guerra no resulta en sí misma sino un medio -que impone
en su expresión máxima, límites a la política--,
en Perón la política es un medio, para un fin también
político. En este punto encontramos un corolario de 6).
El período y los avatares políticos considerados se
proyectan sobre buena parte del s.XX en Argentina. Inevitablemente,
el rastreo de fuentes nos ha llevado al relevamiento de autores
de los siglos XIX y XX, con vínculos directos con el tema
de investigación.
Creemos que ésta es la primera identificación del
tema dentro de los límites señalados, aunque reconoce
su incentivo, entre otros, en los abordajes de las concepciones
políticas de Perón -tales como los de José
Luis Romero y Tulio Alpechín Donghi-- que aparecen sesgados
por un manifiesto encono hacia el objeto de estudio, inscripto canónicamente
en la "doctrina de Estado Mayor" (a la que se le atribuye
en forma directa o indirecta, y sin fundamento teórico ni
empírico, una factura nazi-fascista).
8) Para la recepción del positivismo en la Argentina, su
proceso, crítica y la reacción contra el mismo, ver:
Farré, Luis: "Cincuenta años de Filosofía
en Argentina", Buenos Aires, Ed. Peuser, 1958, 362 págs.;
Ricaurte Soler: "El Positivismo Argentino", Panamá,
Imp. Nacional, 1959, 305 págs.; y Biagini Hugo E. (Comp.):
"El Movimiento Positivista Argentino", Buenos Aires, Ed.
de Belgrano, 1985, 590 págs. CONCLUSIONES"Era un escritor
docto, y todos sus conocimientos
incidían sobre su tarea; tenía, además, a su
disposición, la justa medida de literatura anterior,
y nada más".T.S. Eliot ("¿Qué es
un clásico?")"Conducción Política"
reviste en la cultura argentina el carácter de clásico.
Probablemente el único que ha brindado en tal sentido nuestra
cultura política. Lo consideramos clásico no solamente
como texto que al ser interrogado "siempre tiene algo que decir"
sino que, como intentamos demostrar en estas páginas, permite
ser abordado desde ángulos distintos a los intentos de cristalización
canónica de propios y enemigos. La ingenuidad de los primeros
ha sido irrelevante para su perpetuación. En cambio, aquellos
que militaron y militan en el campo de sus más enconados
adversarios permiten su supervivencia, siguiendo en este aspecto
el destino de otros textos fundamentales del pensamiento político,
al menos en la cultura occidental. La lectura de las obras de Perón,
con la distancia que imprime un cuarto de siglo de la desaparición
física del autor de la escena política, debiera permitir
un acceso a las mismas no mediado por adhesiones o rechazos espontáneos
y previos a un abordaje con un mínimo de pasión posible.
Contemporáneos y sobrevivientes a su curso vital no pudieron
acceder a esa lectura sino a partir de la sentencia condenatoria
o absolutoria, emitida con anticipación a la tarea crítica.
Y ésta, por supuesto, reducida a la tarea de convalidar lo
que de antemano se tenía como cierto.Los "nobles odios"
que prefirieron cultivarse con causa en la política, fueron
cultivados, como en el pasado, por quienes, desechando la grave
carga que impone la honestidad intelectual, abordaron el objeto
de estudio para justificar o impugnar acciones políticas,
y no para hacer claro lo oscuro, poner orden en el desorden, establecer
filiaciones, continuidades o rupturas; para indicar, en suma, donde
estábamos, cuál era la proveniencia del objeto de
estudio y cuáles eran las vías que se abrían
o cerraban a partir de él.Muchos de quienes ejercieron este
tipo de crítica provienen o se ubican, con matices que a
veces rozan lo incomunicable entre sí, en el espectro liberal-democrático
o de izquierda, con las distintas presentaciones, corrimientos y
gradaciones que han tenido en la Argentina esta fracciones político-ideológicas.
Muchos, al calor de la contienda política (otros directamentes
desde la barricada) gozaron también de la protección
académica desde la cual prestigiaron sus producciones. Todos,
contribuyendo a empañar la comprensión de procesos,
ideas y personajes de por sí complejos en un proceso de cambio
acelerado.La interpretación falseada por los a-priori ideológicos
y partidistas, la lectura escasa o nula y la ausencia de investigación
debieron ser por sí solos, los argumentos inapelables para
la desestimación de los resultados. Lejos de ello, ese producto
acabado gozó de buena supervivencia, instalándose
aún hoy en nuevas producciones y afirmaciones tenidas como
"de sentido común".La historia intelectual de Juan
Domingo Perón nunca se ha escrito, asediada por las pasiones
que negaban la posibilidad de obrar en el campo intelectual a aquellos
que por su origen o profesión no resultarían portadores
de calidades exigidas por los preceptos académicos. El resultado
fue un muestrario de la impotencia en la que militaron no solamente
los herederos del golpe militar de 1955, sino aquellos que en los
años 70, y previo "corrimiento a la izquierda",
lanzaron la consigna 'la vida por Perón'; y que hoy, cargados
de años, conviven como pueden sin alcanzar a explicar, ni
explicarse, nada.La formación de Perón: sus lecturas,
su labor en la cátedra y la reelaboración de todas
esas variables en el campo de la acción política,
aunadas a la producción intelectual de variado signo constituyen
la desmentida a un juicio cargado de sujetividades cuestionables
antes que de valoraciones criticas.El núcleo central del
pensamiento de Perón no surge "ex - nihilo", como
no surge ninguna producción humana, ni es la aceptación
pasiva de expresiones en boga. Este rasgo, lejos de ser uno negativo
como lo imputa Halperín Donghi, resulta ser de originalidad,
en el sentido de ponerse, por la vía de la reestructuración
y reelaboración de conceptos, como modelo de sí mismo.El
profesionalismo del primer Perón, podría haber desembocado
en una carrera simplemente militar y de trámite burocrático.
Sin embargo, su ruptura con ella, encabalgada en los acontecimientos
políticos -revolución de 1930-- y la "fortuna"
que lo acompaño en sus pasos posteriores resultaron una de
las claves para presentar, bajo una nueva faz, ciertas formulaciones
teóricas prestigiadas por el paso del tiempo.Reacio a influencias
definitivas, el vínculo de Perón con las ideas reviste
un carácter marcadamente instrumental. Esta especial predisposición
de ánimo tiene un probable origen en la asimilación
profunda de conceptos militares: azar, incertidumbre, peligro, relatividad,
particularidad, todas notas distintivas de la contienda bélica,
que son denotadas también por conflictos de distinta naturaleza
(los de la vida humana).Y a ellos no escapa el conflicto político.Moviéndose
siempre dentro del marco de acción impuesto por la legalidad
democrática, Perón expuso en sus primeros mandatos,
sobre todo en "Conducción Política", una
visión del poder, de su acceso al mismo y su finalidad, notoriamente
divergente de las teorías sobre el funcionamiento de la democracia,
que circulaban atravesadas por fórmulas jurídicas
alejadas de un correlato objetivo con la práctica política
(la "política criolla" que criticaba el mismo Perón).Es
indudable la raigambre militar de su pensamiento político,
acusada en fórmulas, estructuras, hasta teorías o
fragmentos de ellas que --modificándose y hallando una nueva
posición-- cruzan "Conducción Política",
en una versión diluida que sirve para promover "el eje
firme" que dota de sentido al conjunto: el conductor."Conducción
Política" resulta una obra "fácil pero difícil".
Su aparente estructura es constantemente desmontada por Perón
a lo largo de su exposición; y sin remontarse a sus fuentes
inmediatas y mediatas muchos de sus conceptos corren el riesgo de
ser erróneamente comprendidos. Late en sus páginas
el "Príncipe", de Maquiavelo, heredero desnaturalizado
de los "espejos de príncipes" que cruzaron la Edad
Media hasta llegar al florentino. Perón, como aquél,
presentó "las cosas" -para usar una frase cara
a Isaiah Berlin-- que "son lo que son".He intentado destacar
los temas fundamentales de "Conducción Política"
en relación a sus fuentes específicas. Otros abordajes,
con otras metodologías son factibles, lo que da cuenta de
su riqueza conceptual.El conjunto presentado por "Conducción
Política", no mecánico, cuya puesta en acto es
algo más que el funcionamiento de las partes articuladas
en un todo, tiene un sujeto rector (quien ejerce la conducción),
una teleología (fin político) y un condicionante que
informa el conjunto (los valores morales), desarrollando su proceso
dentro de la legalidad institucional. La creciente uniformización
del consenso que explícitamente persigue, configura uno de
los elementos de tensión más destacado, pues esa pretensión,
llevada a su extremo teórico, desemboca en la estructura
única y excluyente.Quizá ahí radique uno de
los aspectos de su rechazo por parte del pensamiento "liberal-democrático":
El texto propone lo que dicho pensamiento no puede enunciar bajo
pena de hacer estallar sus principios teóricos, aunque la
propia práctica liberal-democrática se encamine hacia
el mundo de George Orwell. Idéntico rechazo se advierte en
el pensamiento de izquierda , aunque aquí la exigencia del
partido único no es planteada como producto de la gradualidad,
sino como una imposición violenta de la realidad.Si el trabajo
que antecede posibilita de alguna forma la comprensión de
aquellos núcleos temáticos y de estas tensiones, reactualizando
el estudio -lo más desapasionado posible-- de un pensamiento
político aún vigente, consideraremos cumplido el objetivo
que nos llevó a escribirlo.DOMINGO ARCOMANOAutor: Eduardo
Romano
Editorial: Catálogos S.R.L."PALABRAS (E IMÁGENES)
CRUZADAS -Literatura y periodismo en los primeros semanarios ilustrados
rioplatenses" constituye una lúcida y profunda investigación
sobre el contexto de aparición de las nuevas publicaciones
en el Río de la Plata, a fines del siglo XIX. Como bienes
simbólicos que acompañan las demandas de las nuevas
clases emergentes, coexistieron en su producción inmigrantes
y criollos que amalgamaron las experiencias locales y ultramarinas
generando un producto original en el que se cruzaban los productos
del "viejo país" con los de los movimientos renovadores.
"El Negro Timoteo" y "Caras y caretas" destacan
en el panorama, junto a otras publicaciones periódicas y
autores que escapan a la tradicional clasificación de la
historia literaria consagrada. La obra resulta un excelente ejemplo
de que la metodología científica no está reñida,
como es de práctica ritual en nuestro medio, con la recuperación
del acervo nacional
SÍNTESIS de:
PALABRAS (E IMÁGENES) CRUZADAS Literatura y periodismo en
los primeros semanarios
ilustrados rioplatenses
Este libro de Eduardo Romano propone una metodología distinta
de los criterios puramente "contenidistas" para leer publicaciones
periódicas, sobre la base de las propuestas que Roger Chartier
formulara, cierto que a propósito del libro y de libros publicados
entre los siglos XVI y XVIII. Sus sugerencias, aplicadas a publicaciones
periódicas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, adquieren
nuevas proyecciones. A partir de ahí, y del aprovechamiento
de una terminología semiótica e informática
alrededor del texto, entendido como configuración lingüística
con el suficiente grado de cohesión, de coherencia y de relativa
clausura, redefine a las publicaciones periódicas como hipertextos
que reúnen, organizan y jerarquizan hipotextos, según
reglas que deben ser explicitadas para iniciar una adecuada interpretación
del conjunto y de cada uno de sus formantes.Esa metodología
es aplicada más precisamente a un nuevo tipo de publicaciones
que surgen, en el Río de la Plata, durante las últimas
décadas del siglo XIX y en consonancia con una serie de modificaciones
económico políticas y socioculturales. Como parte
de un proceso de modernización que se asienta sobre la definitiva
inserción de la región en el mecado mundial como proveedora
de bienes primarios y consumidora de manufacturas y capitales. Eso,
más la masiva incorporación de inmigrantes ultramarinos,
quienes comenzaron a fusionarse no de manera fácil con los
nativos expulsados de la pampa por la definitiva instauración
del alambrado y de la propiedad rural, incidió en el surgimiento
de nuevos sectores sociales: las clases medias, ocupadas en las
tareas terciarias que el crecimiento demográfico, edilicio
y de servicios que las dos capitales del Plata requerían;
y un proletariado que se incorporó a los talleres artesanales
y a las primeras fábricas suburbanas.Pronto, ambos sectores
reclamaron bienes simbólicos que colmaran sus necesidades
de entretenimiento en los momentos de ocio, y suficientemente diferenciados
de los que solía consumir la clase dirigente, a la vez que
pequeños burgueses y obreros definían gustos y hábitos
propios. En ese contexto, las publicaciones ilustradas populares
juegan un cierto papel conector, aunque eso mismo puede reconocerse,
cierto que con mayores limitaciones, en otros fenómenos también
novedosos, como los teatros de variedades, el género chico
español primero y luego también criollo, los folletos
de venta callejera con versos gauchescos, en jerga cocoliche o en
una abigarrada mezcla de ambas, etc.Por su particular ductilidad
para concitar la atención de públicos diversos, me
interesaron especialmente las revistas ilustradas populares, y sobre
todo Caras y Caretas, que aparece en octubre de 1898. Pero esa aparición
estuvo precedida de un largo proceso que era necesario historiar,
dada la ausencia de datos al respecto, y que se remonta a 1880 y
a la edición de Buenos Aires Ilustrado de Pedro Bourel. Esa
publicación y las que le siguieron durante la década
del 90 (Buenos Aires, La Ilustración Sud-Americana, etc.),
eran todavía híbridos de la revista literaria y aun
intelectual, costaban mucho y llegaban a un público exclusivamente
selecto. Se aclara que la revista literaria es la dedicada enteramente
a la ficción, incluida en general también la reflexión
crítica (Bibliográficas) acerca de ella, y se reserva
el nombre de revista intelectual para la que incluye artículos
de historia, jurisprudencia, etc.El gran éxito de Caras y
Caretas se debió al hallazgo de una fórmula capaz
de vincularse con ese nuevo público lector que se estaba
gestando, debido asimismo al crecimiento de los índices de
alfabetización en la gran ciudad y sus alrededores. Con un
precio ($ 0,20) sensiblemente inferior a las anteriores, la más
barata de las cuales se vendían a $ 0,50, la revista que
dirigía el entrerriano José Alvarez con el auxilio
de un Redactor (Eustaquio Pellicer) y un Dibujante (Manuel Mayol),
ambos españoles, cautivó un número inusitado
de lectores desde su aparición (15.000 ejemplares vendidos
del primer número) y alcanzó en los años siguientes
cifras sorprendentes.La eficacia de su fórmula residía,
además, en combinar lo que habían sido las exitosas
publicaciones satírico-políticas anteriores, como
El Mosquito desde 1864 y Don Quijote desde 1883, eminentemente gráficas,
con el material de lectura (literario, histórico, costumbrista)
que ya ofrecían las primeras revistas ilustradas. Un verdadero
símbolo de su capacidad para fundir lectores diversos y que
se completó con el hecho de recurrir tanto a la caricatura,
privativa de las primeras, como a la fotografía de que se
vanagloriaban las segundas. Caras y Caretas había cumplido
un ciclo en Montevideo, entre 1890 y 1897, aunque como revista satírico-política
que lentamente fue sumando artículos y textos, incluso literarios,
dentro de sus modestas 4 páginas iniciales, pero el hecho
de esa emigración pone de manifiesto la existencia de un
público afín en ambas orillas del Plata.
Por esa razón la búsqueda no se limita a los antecedentes
argentinos y revisa asimismo publicaciones satíricoburlescas
uruguayas anteriores, como El negro Timoteo, y semanarios ilustrados
precursores en esa ciudad, como Vida Montevideana. Ese origen común
explica también que entre los colaboradores de la Caras y
Caretas bonaerense hubiera muchos uruguayos y que incluso algunos
periodistas cruzaran el Río para aprovechar las mayores posibilidades
que la infraestructrura editorial ofrecía en la Argentina.A
continuación son analizados los primeros años de la
publicación, hasta el momento en que Fray Mocho, el más
popular de los seudónimos empleados por Alvarez en la revista,
la dirigió; es decir hasta su muerte, acaecida en agosto
de 1903. Esa lectura respeta lo que el autor juzga la mayor innovación,
en ese aspecto: la articulación de la imagen con la palabra,
del texto icónico con el verbal. Una innovación que
prestaría carácter definido a toda la cultura del
siglo XX y que sobrevenía casi en forma contemporánea
con los primeros carteles publicitarios, las primeras historietas
y las primeras películas.Privilegia ese análisis los
textos literarios y la manera como también en ese plano evidenció
la revista una táctica integradora, concediendo espacio a
las poéticas en vigencia e incluso a los movimientos renovadores.
Así, los poemas o narraciones nativistas, de Elías
Regules o Martiniano Leguizamón, convivieron con los cuentos
realistas-reformistas de Roberto Payró y las viñetas
sujetas a igual poética de Francisco Grandmontagne, pero
ya en el primer número aniversario, de enero de 1899, colaboraron
las adalides del modernismo, Rubén Darío y Leopoldo
Lugones. A esa variedad se sumó, como algo específico,
un cúmulo de textos costumbristas en prosa o verso que fueron
menguando posteriormente.En el lapso 1898-1903 sirvieron para que
el gran público tuviera lecturas que le ayudaran a procesar
el nada fácil encuentro entre nativos e inmigrantes, y en
esa respuesta recayó, sin duda, un decisivo factor de su
rápida y sorprendente popularidad. Por eso el estudio reconstruye,
lateralmente, las etapas del costumbrismo argentino, arrancando
desde La Moda (1837/1838) y pasando por los decisivos aportes de
Eduardo Wilde y del injustamente olvidado Marcos Arredondo (Croquis
bonaerenses). Un asiduo colaborador, el boliviano Julio Jaimes (Brocha
Gorda), padre del poeta Jaimes Freyre, compañero de Darío
en aventuras como la dirección de El Mercurio de América
(1897-1900), demostraba que era necesario hablar de crónicas
modernizadoras más que de crónicas modernistas, lo
cual confirmaba relecturas críticas del modernismo realizadas
en las últimas décadas y que lo identifican como una
corriente literaria de la modernidad, más que sólo
como un estilo.Finalmente, se detiene en los dos grandes animadores
literarios de Caras y Caretas: Fray Mocho, que renovó al
género costumbrista con sus diálogos sin encuadre
ni narrador, tan afines con las escenas del teatro por secciones
criollo, y en el español ya mencionado Grandmontagne, quien
compuso una verdadera casuística alrededor del proceso inmigratorio,
mediante textos que a veces agrupó bajo el título
Galería de inmigrantes y fue un representante de la llamada
generación del 98 en Buenos Aires. Para explicar convenientemente
esa producción, el trabajo recorre también lo que
habían escrito y publicado ambos antes de ingresar a Caras
y Caretas.Otros aspectos discursivos de la publicación, menos
literarios, merecen asimismo especial atención. Por ejemplo,
las diversas funciones asignadas al verso, desde la humorística
o satírica, hasta la artística, pasando por la publicitaria.
Los avisos que combinaban caricatura y estrofa fueron sin duda otro
atractivo de sus páginas y están oportunamente comentados.
Así como el papel y crecimiento de las noticias policiales,
junto a cierto eclecticismo para referirse a los sectores sociales
marginales, tanto suburbanos como rurales. En ese aspecto, la publicación
trazó un perfil del indio, condenó sus malones en
el nordeste, pero también la forma de reprimirlos.El ensayo
culmina con una lectura del primer semanario ilustrado uruguayo
exitoso, Rojo y Blanco. Desde el título, esa revista suma
a la búsqueda de integrar sectores sociales lectores efectuada
por Caras y Caretas, la de propiciar una conciliación entre
los dos partidos opositores tradicionales de la banda Oriental.
Si en un principio su presentación está más
próxima al tipo revista literaria, se va transformando poco
a poco, dedica mayor espacio a la actualidad, a lo policial, a la
vida en los suburbios, etc. En este caso, aunque más brevemente,
aborda la producción de algunos escritores respaldados por
la publicación, como Carlos Reyles, Javier de Viana y el
costumbrista que firmaba Agapito Quincoces y era en lo civil José
Ríos Silva.Unas Conclusiones, en fin, subrayan el nacimiento
del periodista-escritor, o viceversa, que vela sus armas en esta
clase de publicaciones periódicas, a las cuales contribuye
inclusive de una manera también innovadora, porque las mismas
requieren materiales literarios sobre ciertas circunstancias (Año
Nuevo, Navidad, Pascua, los cambios de estación, la conmoción
social provocada por las primeras huelgas generales y el modo de
reprimirlas, etc.), inaugurando otras formas, más profesionales,
de encarar la escritura y no sólo en el caso de textos informativos
o comentarios. Abundan poemas y relatos alusivos a sucesos de actualidad,
con diferentes niveles de elaboración artística. Sus
autores no se sienten menoscabados por responder a demandas explícitas
y algunos de esos materiales -Payró sirve al respecto de
ejemplo- pasan luego a sus libros.
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