Luego del genocidio
perpetrado en los años 70 y con menor intensidad en los quince
años anteriores, así como en los primeros años
de la década de los 80, los historiadores centraron sus descripciones,
prácticamente de manera exclusiva, en los hechos de violencia
que los intelectuales del genocidio intentaron describir como una
guerra civil, mientras otros “confundidos” la titularon
como una lucha entre “dos demonios”. Por su parte, intelectuales
que participaron en las confrontaciones cayeron en la trampa de
discutir describiendo hechos de heroismo, que los hubo y muchos,
dejando a un lado la difusión de las causas que motivaron
a los genocidas a aplicar aquello de que “la letra con sangre
entra” (Américo Ghioldi, socialista democrático
director del periódico La Vanguardia, de triste historia).
Y las causas
que llevaron a la elaboración de un Proyecto Nacional, en
un largo proceso participativo de organizaciones sindicales e intelectuales
comprometidos con la esencia de las Banderas Históricas ya
mencionadas, se encuentran aún presentes y agudizadas, pero
claro está, sin la presencia de los militantes de las décadas
de los 50, 60, 70 y parte de los 80, algunos porque no sobrevieron
al genocidio, otros porque no consiguieron superar las heridas de
todo tipo ocasionadas por las “desapariciones”, los
exilios, y la hipocrecía generalizada que fue instalada en
la sociedad argentina a partir de los años 80 al presente,
respecto a la evaluación de los hechos ocurridos en la reciente
historia nacional; y finalmente otros, porque decidieron internalizar
la ideología de los dominadores y se sumaron a ellos con
la práctica de los conversos que necesitan demostrar la mutación
que sufrieron.
Por ello, con
estas breves notas se pretende dar a conocer, obviamente de manera
muy sintética, algunas de las principales causas de la mayoría
de los problemas que fueron sistemáticamente instalados a
lo largo de la historia nacional y que dieron lugar en diversos
momentos de ésta a procesos de resistencia activa cívica,
también sistemáticamente interrumpidos mediante violentas
represiones, no exentas de genocidios, en los lapsos en los que
los generadores de las causas consideraron oportuno para evitar
interrupciones en el cumplimiento de sus planes de dominación
y enriquecimientos ilícitos.
A continuación
se sintetizan las causas del genocidio, es decir, la respuesta de
los “dueños” del País a quienes sostuvieron
la necesidad de instalar un nuevo Proyecto Nacional, por cuanto
lo consideraron fruto de la ideología Comunista, argumento
que nuevamente se escuchan para descalificar cualquier intento de
modificar el Proyecto de Nación implementado por tales “dueños”.
Comenzaremos
por lo más reciente respecto a aquella respuesta de los “dueños”
del País y luego agregaremos otros antecedentes que muestran
que llegar al momento de las Pautas Programáticas fue el
resultado de un largo proceso de elaboración.
LAS PAUTAS PROGRAMATICAS
PARA EL GOBIERNO JUSTICIALISTA DE LA RECONSTRUCCION NACIONAL, 1973
Estas Pautas
fueron proclamadas el 20 de enero de 1973, por el entonces candidato
del FREJULI a la Presidencia de la República, Dr. Héctor
J. CÁMPORA. ¿Cuál fue el diagnóstico
en que se basó la elaboración de la mayor parte de
las Pautas?.
Antes de sintetizar
el mencionado diagnóstico, cabe recordar que en la introducción
a las Pautas se establecía, sin ambigüedades, que la
Liberación Nacional constituía el objetivo fundamental
del futuro gobierno. Al efecto, explicitaba:
“La Liberación Nacional presenta para los argentinos
dos campos de batalla: uno es el marco interno y las estructuras
económico - sociales del privilegio. El otro son los intereses
foráneos imperialistas. Uno y otro conforman dos caras de
una misma situación: la dependencia.
Las pautas programáticas que desarrollaremos en esta exposición,
están dirigidas a eliminar, en lo interno, el privilegio
para hacer del pueblo el único beneficiario de sus esfuerzos
y, en lo externo, las ataduras que someten los intereses nacionales
a los dictados de los centros imperialistas del poder”.
Las causas de
la crisis que en ese momento enfrentaba el País estaban al
descubierto. Crisis del sistema y resistencia popular, quedan resumidos
en la Conclusión de las Pautas:
“Tenemos plena conciencia del estado caótico en que
se encuentra inmerso el País.
Sabemos que el régimen llega a estas elecciones, no por propia
voluntad, sino obligado por el rechazo del Pueblo y por la crisis
a la que ha llevado a la Nación.
Los intereses que en estos 17 años han medrado al servicio
de la dependencia, obtuvieron resultados: desnacionalización
económica, colonialismo cultural, injusticia social y empobrecimiento
general (¿qué deberíamos decir, al respecto,
hoy, luego de las últimas décadas de democracia formal?).
Pero no han logrado aquello que constituía su fin supremo:
la derrota del espíritu de lucha de nuestro Pueblo”.
Pero el Gobierno
Justicialista, votado masivamente por el Pueblo en las elecciones
del 11 de marzo de 1973, habría de tener corta vida. Saboteado
desde adentro y jaqueado por una poderosa coalición de intereses
internos y externos, no pudo o no supo evitar su sustitución,
en el poder primero, y en el gobierno a continuación. Hoy,
30 años después, la considerada nueva crisis supera
sustancialmente los niveles de las crisis de los últimos
78 años, y cuyo antecedente más cercado fuera denunciado
en las Pautas.
Aspectos específicos
del diagnóstico
1. Asuntos Económicos
Las Pautas Programáticas fueron redactadas con plena conciencia
de que “el Gobierno Justicialista ... recibirá el País
con la herencia económica y financiera más dramática
de su historia”. Tales fueron los resultados de las dictaduras
que se sucedieron a partir del golpe militar del 28 de junio de
1966: Juan Carlos Onganía (28/06/1966 - 08/06/1970); Roberto
M. Levingston (13/06/1970 - 25/03/1971); Alejandro Lanusse (26/03/1971
- 25/05/1973).
En la primera
etapa de la dictadura iniciada por Onganía, fue designado
ministro de economía Jorge Néstor Salimei quien, luego
de ejecutar la parte más grosera del programa público
de la “revolución Argentina” (racionalización
del puerto, cierre de ingenios azucareros en Tucumán privando
de trabajo a unos 150 mil trabajadores, racionalización de
los ferrocarriles, que de todos modos siguieron dando pérdidas,
“expulsión” de arrendatarios y aparceros rurales,
etc.), fue sustituido por Adalbert Kriegger Vasena (bajo cuyas “enseñanzas
se iniciaron muchos de los que luego fueron funcionarios orgánicos
e inclusive algunos de ellos ideólogos de las sucesivas dictaduras,
inclusive de la iniciada por Videla y finalizada en 1983), hasta
ese entonces gerente-socio-empleado de empresas transnacionales,
quien inició un vigoroso proceso de desnacionalización
de la economía; congeló salarios para aumentar la
tasa de ganancia de las empresas y devalúo la moneda nacional
respecto al dólar; beneficiando con ello a la oligarquía
y la burguesía terrateniente exportadora, así como
a la burguesía industrial asociada tempranamente a empresas
transnacionales.
En la segunda
etapa fue reemplazado por Aldo Ferrer, intelectual de origen radical
intransigente (Frondizi -Alende), que intentó modificar el
modelo anterior beneficiando a la burguesía industrial menos
vinculada a las empresas transnacionales, organizadas en la Confederación
General Económica. Pero su fugaz paso por el ministerio no
le permitió siquiera sustituir a los hombres del anterior
ministro.
En la tercera
etapa, continuando Aldo Ferrer al frente de economía , reemplazado
luego por Cayetano Licciardo, tampoco fue revertida la política
económica de la dictadura, tanto por convicciones como por
el hecho de que Lanusse y su equipo privilegiaron las acciones políticas
tendientes a reconstituir el bloque histórico de poder, que
posibilitara a la burguesía la elaboración de un modelo
hegemónico. Para ello utilizaron el Gran Acuerdo Nacional
(GAN), destacándose entre sus objetivos: impedir la derrota
del ejército como fuerza social gobernante; legalizar la
represión del movimiento popular, e instalar al mismo Lanusse
como presidente constitucional. Al GAN el Peronismo le respondió
con la Hora del Pueblo; el acuerdo CGE - CGT, y un fuerte impulso
de la lucha popular.
La situación
económica del País a la finalización de este
período era la siguiente:
Una deuda externa superior a los 6.000 millones de dólares
Una inflación que desarticulaba todas las previsiones empresarias;
Un estado de recesión interna, caracterizado por la existencia
de más de 1 millón de desocupados y la creciente inercia
de la inversión pública y privada que, ante la retracción
del mercado de consumo, exhibía también la existencia
de un alto grado de desocupación fabril;
Una persistente caída en los niveles de los salarios reales
que, sumada al índice de desocupación, disminuía
constantemente la participación de los salarios en la distribución
del ingreso y agudizaba el incontrolado aumento del costo de vida;
Un record de quebrantos industriales y comerciales;
La vivienda, la salud y la educación convertidas en artículos
prácticamente inalcanzables para la mayoría de la
población;
Un fuerte proceso de desnacionalización económico
- financiera de sectores claves del quehacer nacional.
Frente a ello,
el Programa del Peronismo puso de manifiesto la decisión
de revertir el proceso:
Transformando al Estado en el principal agente en el proceso de
acumulación;
Eliminando o disminuyendo la incidencia de la oligarquía
y la burguesía terrateniente exportadora:
Desarrollando una industria de capital nacional;
Abriendo el comercio exterior a países considerados “enemigos”
por las dictaduras;
Acordando un pacto social entre Obreros y Empresarios.
Para ello, las
principales líneas de acción propuestas en las Pautas
fueron las siguientes:
Impulsar un acelerado desarrollo económico, armónico
y sostenido, como base para elevar el nivel de vida de la población;
Utilizar el sistema financiero como instrumento de control y orientación
destinado a promover un vasto plan de justicia social;
Proceder a una revisión total de todo el sistema impositivo
y de recaudación para evitar que sea utilizado como medio
de distribución del ingreso a favor de los monopolios y los
sectores exportadores y en detrimento de los asalariados, del empresariado
nacional y de los auténticos productores agrarios;
Orientar el gasto público, prestando especial atención
a la inversión de carácter social;
Nacionalizar el comercio exterior para sustraerlo del control de
los grandes monopolios transnacionales que son quienes manejan en
realidad las supuestas leyes de la oferta y la demanda del mercado
internacional;
Controlar la deuda externa tanto pública como privada, no
admitiendo ataduras ni presiones contrarias al interés nacional
por los créditos exteriores que reciba;
Plantear una Reforma Agraria Integral mediante la transformación
del sistema de tenencia de la tierra, la reorientación de
la política de colonización en tierras fiscales, la
difusión del cooperativismo en todas sus formas, y el fomento
de unidades comunitarias de trabajo rural;
Llevar a cabo una cooperativización integral de la comercialización,
eliminando los monopolios intermediarios, mediante la acción
mancomunada de los productores y el Estado;
Promover una política industrial que revierta la extranjerización
de las empresas, llevando al Estado a hacerse cargo de aquellas
actividades cuyo manejo implica un poder monopólico o decisiones
de carácter estratégico;
Poner en vigencia el artículo 40 de la Constitución
de 1949 por el cual todas las fuentes naturales de energía
son propiedades imprescriptibles e inalienables de la Nación;
Aplicar desde el Gobierno todas la experiencias de socialización
de la economía que sirvan para elevar la condición
humana -en la medida que respeten las aspiraciones del hombre argentino-
eliminando la alienación del trabajador mediante su efectiva
participación en el poder que se deriva de la propiedad de
los medios de producción
1.1. La situación
económica al finalizar el año 1964 :
La deuda externa pública y privada y el Balance de Pagos.
Hacia fines de 1964 los compromisos alcanzaban a 3.780 millones
de dólares, o sea una deuda “per cápita”
de 171 dólares, mientras que en 1955 era de alrededor de
28 dólares. Los servicios amortizables e intereses de la
deuda requerían alrededor de 35% del producto de las exportaciones
anuales, conduciendo al País a una mayor situación
de dependencia respecto a los acreedores externos.
Tenencia de oro y divisas. Alcanzaban hacia fines del año
1964 a unos 200 millones de dólares, con tendencia al deterioro,
siendo previsible que el País ingresara a una situación
de cesación de pagos, mientras que a fines de 1955 las tenencias
de oro y divisas totalizaban alrededor de 510 millones de dólares.
La pérdida del poder adquisitivo de la Población.
A diciembre de 1964 la pérdida del poder adquisitivo del
salario real ascendió a 17,7% respecto al nivel estimado
para el año 1956Durante el lapso 1956-64 las pérdidas
para el trabajador oscilaron entre 9,7% y 25,9%, siempre en términos
de salario real, mientras que la productividad del obrero industrial
aumentó 66% en el mismo lapso..
2. Seguridad
Social
2.1. Vivienda. Al momento de enunciarse las Pautas Programáticas,
la situación de desatención del déficit de
viviendas quedaba de manifiesto en la magnitud del mismo, estimado
en poco más de 1,5 millones de viviendas en el medio urbano
y alrededor de 0,6 millones en el medio rural. Además, sólo
alrededor de 60% de la población era abastecida con agua
corriente y el 30% estaba conectado a la red de cloacas.
En la Argentina ocurrió a partir del año 1930 y muy
especialmente desde 1936 un proceso de inmigración rural
- urbana que aumentó aceleradamente la población de
un conjunto de ciudades, pero muy especialmente la de la Capital
Federal que creció alrededor de 232% en el lapso 1914 - 1960,
con aportes principalmente desde las otras provincias de la Región
Pampeana y del Litoral, mientras que la del País aumentó
116% en el mismo período. Pero el aumento la población
en la Capital Federal y en otras ciudades dio lugar, por interrupción
de la implementación de la política habitacional desarrollada
en el período 1947-1955, al surgimiento de las denominadas
“villas miserias” (construcciones de latas, maderas
y cartones). Hacia mediados de los años 60 se estimaba que
alrededor de 700.000 personas habitaban en “villas miserias”
distribuidas en el territorio de la Nación, 47,5% de ellas
distribuidas en unas 120 “villas miserias” localizadas
en la provincia de Buenos Aires y 6% en la Capital Federal.
2.2. Salud. Teniendo en cuenta el deterioro del sistema, las Pautas
propugnaron un Servicio Nacional de la Salud, un Seguro de la Salud
“como medio para fomentar, proteger y recuperar la salud de
los argentinos”, y una Ley de Medicamentos que contemplara
entre otros aspectos “el régimen de comercialización
y expendio”.
OTROS ANTECEDENTES
DE LAS PAUTAS PROGRAMATICAS
Los Programas
Históricos del Movimiento Obrero Argentino
1. LA FALDA.
El golpe del 16 de septiembre de 1955 tuvo respuestas en las movilizaciones
de las bases, asambleas en fábricas, huelgas y sabotajes,
mientras que los “libertadores” intervinieron a la CGT,
asaltaron sindicatos, inhabilitaron miles de dirigentes y encarcelaron
otros tantos. El objetivo del golpe era la de implementar el plan
Prebisch, favorable a la oligarquía y los monopolios. Se
liquidó el IAPI, empresas estatales de DINIE y se derogó
por decreto la Constitución de 1949. En los años 1956
y 57 la lucha por la recuperación de los gremios se centró
principalmente en los sindicatos industriales. Surgieron nuevos
dirigentes, como Andrés Framini, Dante Viel, Natalini, Sebastián
Borro y Atilio López, entre otros. La recuperación
de sindicatos y delegaciones regionales posibilitaron la creación
de la intersindical que el 12 de julio de 1957 lanzó un paro
general, acatado en todo el País. La intersindical reunió
a 94 gremios, de los cuales desertaron 32 (sindicalismo amarillo),
dando lugar al nacimiento de las 62 Organizaciones.
En el mismo año, la dictadura convocó a Constituyente
para reformar la Constitución de 1949. El Peronismo proscrito
llamó a votar en blanco, siendo acatado por más de
dos millones de electores.
En el marco de resistencia obrera y lucha política del Peronismo
contra las proscripciones y la entrega, la CGT de Córdoba
convocó a un Plenario Nacional de Delegaciones Regionales
de la CGT y de las 62 Organizaciones, en la localidad de La Falta,
donde aprobó un Programa de Gobierno antioligárquico
y antiimperialista, algunos de cuyos puntos fueron los siguientes:
a) Comercio
exterior
Control Estatal del comercio exterior sobre las bases de la forma
de un monopolio Estatal
Control de los productores en las operaciones comerciales con un
sentido de defensa de la renta nacional
Ampliación y diversificación de los mercados internacionales
Planificación de la comercialización teniendo presente
nuestro desarrollo interno
Integración económica con los Pueblos hermanos de
América Latina
Política de alto consumo interno; altos salarios, mayor producción
para el País con sentido nacional
Desarrollo de la industria liviana adecuada a las necesidades del
País
Incremento de una política económica tendiente a lograr
la consolidación de la industria pesada, base de cualquier
desarrollo futuro
Soluciones de fondo, con sentido nacional a los problemas económicos
regionales sobre la base de integrar dichas economías a las
reales necesidades del País, superando la actual división
entre provincias ricas y provincias pobres
Control centralizado del crédito por parte del Estado, adecuándolo
a un plan de desarrollo integral de la economía con vistas
a los intereses de los trabajadores
Programa agrario, sintetizado en expropiación del latifundios
y extensión del cooperativismo agrario, en procura de que
la tierra sea de quien la trabaja
b) Para la Justicia social
· Control obrero de la producción y distribución
de la riqueza nacional, mediante la participación efectiva
de los trabajadores:
En la elaboración y ejecución del plan económico
general, a través de las organizaciones sindicales
Participación en la dirección de las empresas privadas
y públicas, asegurando, en cada caso, el sentido social de
la riqueza
Control popular de precios
Salario mínimo, vital y móvil
Previsión social integral
Estabilidad absoluta de los trabajadores
c) Para la Soberanía Política
Fortalecimiento del Estado Nacional Popular, tendiente a lograr
la destrucción de los sectores oligárquicos antinacionales
y sus aliados extranjeros, y teniendo presente que la clase trabajadora
es la única fuerza Argentina que representa en sus intereses
los anhelos del País mismo
Dirección de la acción hacia un entendimiento integral
con las naciones hermanas latinoamericanas
Acción política que reemplace las divisiones artificiales
internas, basadas en el federalismo liberal y falso
Solidaridad de la clase trabajadora con las luchas de liberación
nacional de los pueblos oprimidos
Política internacional independiente
2. HUERTA GRANDE.
La gran presión popular y la agudización de la crisis
obligaron a la oligarquía a dar por finalizada la etapa encabezada
por los dictadores Aramburu - Rojas, convocando a elecciones generales
con la participación sólo de los partidos “democráticos”
y la absoluta proscripción del Peronismo a cuyos adherentes
les quedaba sólo la posibilidad de votar en blanco u optar
por el mal menor respecto a los partidos “democráticos”.
El razonamiento de la oligarquía consistía en que
el Movimiento Peronista se iría disgregando, lo que daría
oportunidad, a los otros partidos, de conseguir el apoyo de dirigentes
gremiales a través de persuasión, presión,
dádivas y corrupción. Esta política fue seguida
por Frondizi - Frigerio, dando lugar al surgimiento de la tendencia
“integracionista” en el sindicalismo, encabezada por
Eleuterio Cardozo. Luego sería Vandor quién más
se adaptaría al nuevo escenario político.
Así, en 1958 los votos Peronistas se dividieron entre los
emitidos en blanco y los que apoyaron a Frondizi, debido al compromiso
de éste de devolver la CGT y sancionar una ley de asociaciones
profesionales que respetara la estructura y principios del sindicalismo
nacional, entre otras promesas que fueron rápidamente incumplidas.
Así, ya en enero de 1959 debió enfrentarse a una huelga
general de solidaridad con los obreros del frigorífico municipal
Lisandro de la Torre (que se oponían a la privatización),
lanzada por las 62 Organizaciones. Frondizi respondió poniendo
en marcha el tristemente célebre Plan CONINTES que desató
una represión masiva contra los Trabajadores, dando inicio
a una etapa de violenta lucha contra la represión y el régimen
pro-imperialista. La defensa de la Soberanía Nacional y la
reconquista de la CGT constituyeron las grandes banderas del movimiento
obrero que alcanzó en marco de 1961 la devolución
de su central sindical.
En lo político, en el año 1962 el Movimiento Peronista
se preparó para enfrentar al régimen dentro de sus
propias leyes y armas, librando la batalla electoral para elegir
gobernadores y legisladores provinciales. Como resultado de ello,
el 18 de marzo, no obstante la defección de dirigentes sindicales
como Vandor (Metalúrgico) y de políticos como Iturbe,
el Peronismo consiguió un aplastante triunfo en la provincia
de Buenos Aires, llevando como candidatos a trabajadores como Andrés
Framini (textiles), a Gobernador, Sebastián Borro (Frigorífico
Nacional), Jorge Di Pascuale (Farmacia), Roberto García (Caucho)
y Eustaquio Tolosa (Portuarios) a diputados nacionales, entre otros.
Los “democráticos” respondieron anulando el resultado
que expresaba en las urnas la voluntad popular.
Sobreviene el derrocamiento de Frondizi por los militares, poniendo
en su lugar al Presidente del Senado, el Dr. Guido, ya que aquellos
no se decidían a tomar directamente el gobierno
Se realiza en Huerta Grande (Córdoba) un Plenario Nacional
de las 62 Organizaciones, aprobando un Programa que implicó
una profundización de los contenidos antioligárquicos
del Peronismo, expresados en un discurso de Andrés Framini.
El mencionado
Programa expresaba la voluntad y decisión de:
2. Nacionalizar todos los bancos y establecer un sistema bancario
Estatal y centralizado
3. Implantar el control Estatal sobre el comercio exterior
4. Nacionalizar los sectores claves de la economía: siderúrgica,
electricidad, petróleo y frigoríficos
5. Prohibir toda exportación directa o indirecta de capitales
6. Desconocer los compromisos financieros del país, firmados
a espaldas del Pueblo
7. Prohibir toda importación competitiva con nuestra producción
8. Expropiar a la oligarquía terrateniente sin ningún
tipo de compensación
9. Implantar el control obrero sobre la producción
10. Abolir el secreto comercial y fiscalizar rigurosamente las sociedades
comerciales
11. Planificar el esfuerzo productivo en función de los intereses
de la Nación y el Pueblo Argentino, fijando líneas
de prioridades y estableciendo topes mínimos y máximos
de producción.
3. EL PROGRAMA
DE LA CGT DE LOS ARGENTINOS. Este Programa constituyó uno
de los resultados de la lucha contra la dominación oligárquico-imperialista
y fue elaborado en los tiempos de la “dictadura de los monopolios”,
como se denominó a la mal llamada “revolución
argentina” que encabezó Onganía a partir del
golpe del 28 de junio de 1966. En estos tiempos se acentúo
el proceso de dependencia ocasionando una brutal etapa de reajuste
económico como instrumento que garantizaba la profundización
de la política de concentración monopólica.
Las economías regionales virtualmente quebradas, los cierres
de ingenios azucareros, la crisis de las PYME fueron algunas de
las consecuencias de la política económica conducida
por Adalbert Krieger Vasena.
Para eliminar oposición a la implementación de su
programa, la dictadura disolvió los partidos políticos,
eliminó las legislaturas, intervino las organizaciones gremiales
y reprimió violentamente la protesta social, cobrando sus
primeras víctimas en Córdoba (Santiago Pampillón)
y Tucumán (Hilda Guerrero de Molina).
En los últimos meses del año 1967, con el retiro de
la personería gremial a varias organizaciones sindicales
(portuarios, textiles, ferroviarios, telefónicos) y la amenaza
de la creciente desocupación, se posibilita el desarrollo
de una intensa gestión negociadora con la dictadura, gestión
que es encabezada por la burocracia sindical “vandorista”,
pero también por los “participacionistas” que
encabezaban Rogelio Coria (UOCRA), Armando March (Comercio) y Loholaberry
(Textiles); mientras otros dirigentes y sus sindicatos continuaban
con una oposición inflexible al gobierno, conducidos por
Peronistas combativos como Amado Olmos (Sanidad) y Raimundo Ongaro
(Gráficos), además de nucleamientos independientes.
Al aproximarse la fecha de la reunión del Congreso Normalizador
de la CGT, en marzo de 1968, se manifiestan dos posiciones: a) los
que buscaban el reconocimiento del gobierno y no admitían
la participación de los sindicatos intervenidos por su luchas
reivindicativa, y b) los que sostenían que, como la reunión
era soberana, no debía ser tenida en cuenta la opinión
oficial y se debía permitir el acceso de los sindicatos privados
a su personería gremial.
No obstante la oposición realizada por los seguidores de
Vandor (UOM) y Alonso (Vestido), así como por el Secretario
de Trabajo Rubens San Sebastián, se reunió el Congreso
denominado “Amado Olmos”, que designó un nuevo
Consejo Directivo encabezado por Raimundo Ongaro (Gráficos),
secundado por Julio Guillán (FOETRA) y Ricardo De Luca (Navales),
dando origen a la “CGT de los Argentinos”.
En respuesta a ello, Vandor, Alonso y Pomares (Bancarios) convocaron
a un Congreso paralelo instando a la participación con el
gobierno.
El 1º de mayo de 1968 la CGT de los Argentinos dio a conocer
el Programa que se inserta a continuación:
“Los trabajadores de nuestra Patria, compenetrados del mensaje
evangélico de que los bienes no son propiedad de los hombres
sino que los hombres deben administrarlos para que satisfagan las
necesidades comunes, proclamamos la necesidad de remover a fondo
aquellas estructuras.
Para ello retomamos pronunciamientos ya históricos de la
clase obrera Argentina, a saber:
La propiedad sólo debe existir en función social
Los trabajadores, auténticos creadores del patrimonio nacional,
tenemos derecho a intervenir no solo en la producción sino
también en la administración de las empresas y en
la distribución de los bienes
Los sectores básicos de la economía pertenecen a la
Nación. El comercio exterior, los bancos, el petróleo,
la electricidad, la siderurgia y los frigoríficos deben ser
nacionalizados
Los compromisos financieros firmados a espaldas del pueblo no pueden
ser reconocidos
Los monopolios que arruinan nuestra industria y que durante largos
años nos han estado despojando, deben ser expulsados sin
compensación de ninguna especie
Sólo una profunda reforma agraria, con las expropiaciones
que ella requiera, puede efectivizar el postulado de que la tierra
es de quien la trabaja
Los hijos de obreros tienen los mismos derechos a todos los niveles
de la educación de que hoy gozan solamente los miembros de
las clases privilegiadas”.
El Programa
fue acompañado con un mensaje que, en síntesis, expresó
lo siguiente:
Durante años nos exigieron sacrificios. Nos aconsejaron ser
austeros. Lo fuimos hasta el hambre. Nos pidieron aguantar un invierno.
Aguantamos diez.
Un millón y medio de desocupados y subempleados es la consecuencia
de la política económica de este gobierno elegido
por nadie. La clase obrera vive su hora más amarga. Convenios
suprimidos, derecho de huelga anulado, gremios intervenidos, conquistas
pisoteadas, personerías suspendidas, salarios congelados.
La mortalidad infantil es cuatro veces mayor que en los países
desarrollados y veinte veces mayor en áreas de Jujuy; más
de la mitad de la población está parasitada por la
Anquilostomiasis en el Litoral Norteño; 40 % de los chicos
de Neuquen padecen de bocio; la tuberculosis y el Mal de Chagas
causan estragos en numerosas provincias; la deserción escolar
en el ciclo primario alcanza al 60%; las puertas de los colegios
secundarios están entornadas para los hijos de los trabajadores
y definitivamente clausuradas las de la Universidad. La década
infame de los años 30 resucita en todo el País con
su cortejo de miseria y de ollas populares.
A los desalojos rurales se suma ahora la reaccionaria ley de alquileres,
que coloca a decenas de miles de comerciantes y pequeños
industriales en situación de desalojo, cese de negocios y
aniquilamiento del trabajo de muchos años.
No queda ciudad en la República sin numerosas villas miserias,
donde el consumo de agua potable y energía eléctrica
es comparable al de las regiones interiores del África. Un
millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires
en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de ghetto,
y las razzias nocturnas nunca afectan las zonas residenciales donde
algunos “correctos” funcionarios ultiman la venta del
país y jueces “impecables” exigen coimas millonarias.
Si un destino de grandeza, si la defensa de la patria, si la definitiva
liquidación de las estructuras explotadoras fuesen la recompensa
inmediata o lejana de nuestros males, ¿qué duda cabe
de que los aceptaríamos en silencio?.
Durante el año 1967 se ha completado prácticamente
la entrega del patrimonio económico del País a los
grandes monopolios norteamericanos y europeos. La empresa que en
1965 alcanzó la cifra más alta de ventas en el país,
en 1968 dejó de ser Argentina. Viejas actividades nacionales,
como la manufactura de cigarrillos, pasaron en bloque a intereses
extranjeros. El método que posibilitó este escandaloso
despojo no puede ser más simple. El gobierno, elegido por
nadie, rebajó los aranceles de importación, los monopolios
aplicaron la ley de la selva, el “dumping”, los fabricantes
nacionales se hundieron. Esos mismos monopolios, sirviéndose
de bancos extranjeros, ejecutaron luego a los deudores. Este es
el verdadero rostro de la libre empresa, de la libre entrega. Este
poder de los monopolios que con una mano aniquila a la empresa privada
nacional, con la otra amenaza a las empresas del Estado donde la
racionalización no es más que el prólogo de
la entrega, y anuda los últimos lazos de la dependencia financiera.
Agraviados en nuestra dignidad, heridos en nuestros Derechos, despojados
de nuestras conquistas, venimos a alzar, en el punto donde otros
las dejaron, las viejas banderas de la lucha.
REFLEXIONES
Por incorrectas
aplicaciones, los avances tecnológicos introducidos en el
País en el transcurso de los siglos XIX y XX generaron graves
efectos negativos, tales, por ejemplo, la agudización de
la dependencia político - económica, la desocupación,
la pobreza, la disminución de la calidad de vida de la Población,
la reaparición de enfermedades que se consideraban erradicadas,
la desertificación, la expulsión de población
del sector agropecuario en particular y del medio rural en general,
la dilapidación de la inversión en infraestructura
urbana, de comunicaciones y de servicios en general, la disminución
de la calidad biológica de los alimentos por los métodos
de producción usados, la erosión de los suelos, la
deforestación, las pérdidas de biodiversidad, la agudización
de los problemas generados por inundaciones, entre otros problemas
estructurales cuyas causas son hoy perfectamente conocidas, aunque
no plenamente asumidas en las políticas del Estado Nacional,
ni en las de la mayoría de las Provincias. Ello, no obstante
que la intensidad con la que se manifiestan y sus consecuencias
inmediatas posibilitan inferir que, de no mediar cambios profundos,
los beneficios de los avances tecnológicos continuarán
alcanzando sólo a una minoría de la población,
que disminuye en términos relativos.
En cambio, la
envergadura de los mencionados problemas amenaza seriamente los
objetivos del desarrollo sustentable y aumenta los riesgos de debilitamiento
de la frágil democracia formal con sus obvias y no deseables
consecuencias político - sociales.
Por lo explicitado
resulta imprescindible realizar un debate que conduzca a la concreción
de una propuesta que dé respuestas necesarias para la superación
de los problemas estructurales mencionados. Y el debate no puede
soslayar el análisis profundo de las causas que, si bien
fueron profundizadas con las decisiones de políticas implementadas
en las últimas décadas, reconocen su origen en décadas
más remotas, en las cuales “la frágil memoria”
de los analistas políticos modernos pareciera negarse a penetrar,
exceptuando algunos de ellos que no cuentan con difusión.
La investigación
documental realizada y el acceso a componentes de la memoria histórica
desmiente y cuestiona severamente la idea difundida por los políticos
modernizadores y por los medios de comunicación masiva, respecto
a que la modernización de la Nación conlleva necesaria
e inevitablemente la generación de los problemas sociales
arriba mencionados, y que las posibilidades de incorporación
de personas al selecto círculo de los que trabajan, están
determinados por un individual mejoramiento del nivel de instrucción
formal y de capacitación de las mismas.
Como parte de
la instalación de la mencionada idea, los medios oficiales
y privados de comunicación masiva incrementan gradualmente
los anuncios sobre el aumento del número de "beneficiarios"
de los subsidios Estatales establecidos para los desocupados y parte
de la población de ingresos insuficientes para atender los
requerimientos de alimentación de las familias.
Pero asumiendo
de manera optimista, o ingenua, que dicho subsidio constituye una
solución estructural, si el mismo no abarca la totalidad
de la vida útil del subsidiado y su posterior vejez, y si
la determinación del monto del subsidio no tiene en cuenta
la necesidad de cubrir integralmente los requerimientos de la Familia
de cada uno de los subsidiados, se estará condenando también
a sus miembros a integrarse a los contingentes de damnificados por
el "progreso" de la Nación, ya que no podrán
acceder a los mínimos niveles de instrucción formal,
salud, vestido, alimentación, etc., que exige dicho "progreso"
para ingresar al círculo de beneficiarios del mismo.
Teniendo en
cuenta que los desocupados Argentinos con bajo nivel de instrucción
formal no tienen un lugar en el mundo que no sea en la Argentina,
y como actualmente el nivel del subsidio a la desocupación
no cubre el costo de las necesidades básicas de la Familia,
entre ellas el mejoramiento del nivel de instrucción formal,
la opción por "libre decisión" de los desocupados
será, lógicamente, la de no tener familia, algo parecido
a un genocidio de futuras generaciones.
En cualquier
país de características semejantes a las de la Argentina,
el costo ambiental del "progreso" de la Nación
se manifestaría agudamente en:
a) Desocupación permanente y creciente para una significativa
porción de la Población Económicamente Activa;
b) Disminución sostenida de la tasa de crecimiento de la
Población;
c) Aumento de la desnutrición y de las enfermedades de la
pobreza (Mal de Chagas, Cólera, "chicas / os, jóvenes
y viejas / os de la Calle", incremento de las muertes por abortos
realizados en condiciones precarias, así como por olas de
frío o de calor, o por desnutrición, entre otros efectos);
d) Aumento, en un lapso de difícil predicción, de
la violencia formal generalizada, ya que todo lo anterior implica
el ejercicio no reconocido de ella por parte de los beneficiarios
del "progreso" de la Nación;
e) Aumento de la deforestación, la desertificación
y la erosión, con manifiestas pérdidas de Biodiversidad;
f) Expulsión de productores del medio rural en general y
agropecuario en particular;
g) Aumento de los problemas estructurales de las ciudades;
entre otros
problemas ya presentes con características agudas en Argentina.
Como una contribución
a la recuperación de la memoria histórica respecto
a las causas de los problemas que hoy enfrentamos los argentinos,
sin entrar en los tiempos de la primera conquista del espacio de
la hoy República Argentina, nos referiremos a continuación
a algunos hitos de la ocupación más reciente, en las
que pueden identificarse algunas de las causas de los actuales problemas
estructurales, que podrían encontrar soluciones viables si
mediara una decisión política para ello.
La bibliografía
más difundida sobre la ocupación del espacio nacional,
implícitamente, se refiere a ésta a partir del supuesto
de la no existencia de una Población Humana Aborigen previa
a la llegada de los Europeos o, en el mejor de los casos, cita la
presencia de pequeñas cantidades de "indios" en
general "hostiles, incultos y opuestos a toda idea de progreso”.
Si bien no constituye
un objetivo de este documento abrir una polémica sobre las
causas del genocidio de la Población Aborigen y Criolla,
se considera necesario, para posibilitar una comprensión
reflexiva modificar dicho supuesto y asumir la historia en toda
su magnitud, ya que ello contribuirá a comprender el presente
y a formular una propuesta para el futuro inmediato y mediato.
Por otra parte,
las decisiones concernientes a las políticas necesarias para
la ejecución de una propuesta tendrían como sólido
fundamento la historia real de la ocupación del espacio,
mientras que sus efectos constituirían un correcto marco
de referencia tanto en la elaboración como en la implementación
de aquella.
En general,
el énfasis de los investigadores estuvo y continúa
estando en la ocupación de porciones del espacio Pampeano
y de algunas áreas del interior del País, subsistiendo
la ausencia de una historia integral que abarque la totalidad del
territorio.
Además,
quizás por las irregularidades ocurridas en los procesos
de privatización de la tierra Pública, cierta parte
de la historia fue y es obviada, excepto por escasos investigadores
cuyos libros lamentablemente tuvieron y tienen muy escasa difusión.
Entre estos
últimos cabe destacar los escritos por Julián S. de
Agüero (ministro de Rivadavia), Andrés Lamas, Jacinto
Oddone, “Gastón Gori”, Juan Nigro, José
María Borrero y Ricardo M. Ortiz, entre otros mencionados
en la bibliografía de los documentos de base de esta síntesis.
La distribución
de la tierra Pública en la Provincia de Buenos Aires reconoce
su origen en el Decreto del 1º de julio de 1822 y en la Ley
Agraria o de Enfiteusis sancionada el 18 de mayo del año
1826, ambos bajo la Presidencia de Rivadavia. El Dr. Juan José
Paso, en la sesión del Congreso dijo: "Seguramente no
es conveniente, menos en nuestra forma de Gobierno que en otra,
que haya grandes propietarios y un montón de hombres pobres
alrededor, todos en dependencia de aquellos".
En la aplicación
de la Ley, el espíritu de los legisladores fue totalmente
desvirtuado, ya que la tierra fue adjudicada en grandes fracciones
a pocos enfiteutas. Este hecho motivó el dictado de un Decreto
Reglamentario (10/05/1827) que en la práctica resultó
ineficaz.
La morosidad
de los enfiteutas en el pago de los cánones intentó
ser corregida por la aplicación de Decretos dictados el 2/11/1832
y el 4/11/1854. El fundamento de este último muestra lo ineficaz
de la ley: "Considerando que ha muchos años que los
enfiteutas hoy poseedores de tierras Públicas no pagan canon
al Gobierno, y esto no obstante que han cobrado y cobran sumas enormes
a los subarrendatarios...".
Con el transcurso
de los años el resto de la Ley fue también desvirtuado
y la tierra Pública pasó a ser propiedad de los enfiteutas
mediante Decretos y Leyes. Por ello, hacia fines del año
"1867 el Estado Bonaerense no conservaba sino una mínima
extensión de tierra".
La especulación
con la tenencia de la tierra se extendió más allá
del lapso abarcado entre los años citados involucrando en
la misma, como damnificado, al Banco Hipotecario de la Provincia
de Buenos Aires (BH) en tanto órgano de aplicación
de la Ley de Ejidos del año 1887.
Esta Ley preveía
el establecimiento de 220 centros en alrededor de dos millones (2.000.000)
de hectáreas parceladas en chacras y vendidas a largo plazo.
Los fracasos en la comercialización de los productos generados
en dichas parcelas dio lugar al retorno de las tierras al BH y a
su posterior remate en grandes extensiones. Una significativa porción
de las mismas volvió a sus antiguos adjudicatarios, a precios
muy inferiores a los pagados por el BH a éstos.
El proceso de
concentración de la tierra en Buenos Aires implicó
que hacia fines del siglo XIX, cincuenta (50) propietarios abarcaban
alrededor de cuatro millones quinientas mil hectáreas (4,5
millones).
La incorporación
del frigorífico y la implementación de planes de países
de ultramar estimularon cambios cuantitativos y cualitativos en
la producción pecuaria y fue causa de la expansión
de la ganadería ovina y bovina en los Territorios del Sur
(Patagonia) y del Norte, respectivamente, precedida y / o acompañada
con acciones de expulsión, o de aniquilamiento, de los pobladores
nativos. En este marco de referencia se inscribe la sanción
de la Ley Nº 817 / 1876 de "Colonización e Inmigración"
y sus conexas dictadas en los años 1882 y 1891.
Ellas dieron
lugar, por ejemplo, a que en el año 1894 se dictara una ley
otorgando una concesión unipersonal de un millón (1,0
millón) de hectáreas en Chubut y Santa Cruz, quedando
la delimitación de las mismas a cargo del adjudicatario.
La distribución
concentrada de tierras en la Patagonia fue de tal envergadura que
hacia fines del siglo XIX abarcaba la casi totalidad de la superficie
disponible en la Región. Dicho proceso de distribución,
no exento de expulsión o exterminio de la Población
nativa, como ya se dijo, implicó una significativa disminución
de la densidad demográfica, que aún perdura, con fuertes
implicancias ambientales por la excesiva densidad de las existencias
pecuarias e inadecuado manejo de las mismas, integradas principalmente
por una especie exótica que entró protegida a competir
por el alimento con las especies herbívoras nativas, cuya
población se fue reduciendo. Como puede inferirse, la modernidad
cobró víctimas humanas y de la fauna silvestre, continuando
luego con la desertificación, la erosión, la pérdida
de biodiversidad, entre otros problemas fácilmente visualizados.
En general,
el estilo de ocupación del espacio en el resto del País
no fue muy diferente al aplicado en Buenos Aires y la Patagonia,
si bien entre las Provincias existen diferencias meramente cuantitativas
en cuanto a las víctimas de la violencia aplicada como parte
de dicho estilo.
Decretos anteriores
al año 1853 y Leyes posteriores a la sanción de la
Constitución Nacional consolidaron la entrega de tierras
a pocos beneficiarios. Además de los efectos de la Enfiteusis
de Rivadavia, cabe mencionar por sus efectos negativos la Ley Nº
269 e instrumentos concordantes y conexos, que dieron lugar a la
distribución concentrada de las mejores tierras de los denominados
Territorios Nacionales, así como al genocidio de su población
Nativa.
En virtud de
dicha Ley seis (6) empresas fueron beneficiadas con la entrega en
propiedad de trece millones doscientas mil hectáreas (13,2
millones) en Tierra del Fuego, Santa Cruz y Chubut.
Por similares
efectos negativos, cabe destacar la Ley de Colonización Nº
817 del 19/10/1876 que posibilitó la entrega de cinco millones
doscientas mil hectáreas (5,2 millones) a ochenta y ocho
(88) familias, agregando nueva superficie al circuito de especulación
con la tierra.
En relación
al desconocimiento del derecho de propiedad que asistía a
la población nativa, resulta ilustrativa la Ley del 5/10/1878
que consideraba "libre de indios" el territorio de la
provincia de Buenos Aires y, por lo tanto, necesario el desplazamiento
de la línea de frontera hasta la margen izquierda de los
ríos Negro y Neuquen.
Así,
el Art. 1º determinó que el avance de la línea
de frontera debía efectuarse "previo sometimiento o
desalojo de los indios bárbaros de la Pampa, desde el río
Quinto y el Diamante hasta los dos Ríos antes mencionados".
El Art. 2º estableció la venta de tierras públicas
para implementar el Art.1º. La aplicación de esta Ley
implicó transferir ocho millones quinientas mil (8,5 millones)
hectáreas a trescientas noventa y una (391) personas en La
Pampa, Río Negro y Neuquen.
Leyes posteriores
a las citadas siguieron el mismo sendero de adjudicación
de extensas superficies a pocos beneficiarios con la obligación
de fundar colonias. Y éstos siguieron la conducta de los
anteriores beneficiarios, o sea el del no cumplimiento de dicha
obligación, sin recibir por ello sanciones por parte del
Estado.
En virtud de
la Ley del 5/09/1885 los "conquistadores del desierto"
recibieron sus premios en tierras, beneficiando desigualmente a
quinientas cuarenta y una (541) personas con alrededor de cuatro
millones seiscientas mil hectáreas (4,6 millones) distribuidas
entre las provincias La Pampa, Río Negro, Neuquen, Chubut
y Tierra del Fuego.
La ocupación
del Territorio dio lugar a un proceso lento de poblamiento hasta
el año 1869 y de mayor significación en las posteriores
décadas. El Censo Nacional de Población (CNP) del
año 1869 informó poco más de un millón
setecientos mil (1,7 millones) habitantes y el del año 1895
algo más de tres millones novecientos mil (3,9 millones)
habitantes.
Según
el CNP del año 1869, la población rural estaba constituida
por un millón ciento treinta y seis mil habitantes (1.136.000),
o sea alrededor de 65,4 % de la población total del País,
mientras que el CNP del año 1895 informó que el medio
rural estaba habitado por dos millones doscientos noventa y cuatro
mil (2.294.000) personas, que constituían aproximadamente
58% de la población total del País.
Las escasas
oportunidades de acceso a la propiedad de la tierra generó
el ingreso de inmigrantes transitorios, así como la radicación
en las ciudades de los que optaron por permanecer en el País.
El CNP del año1869
informó un total de ochocientas sesenta mil (860 mil) personas
ocupadas y una PEA total de un millón (1,0 millón)
de personas, mientras el CNP del año 1895 relevó un
millón setecientas mil (1,7 millones) personas ocupadas y
una PEA de dos millones quinientas mil (2,5 millones) personas.
En cuanto a
los habitantes ocupados en actividades agropecuarias, el CNP del
año1869 informó ciento ochenta y ocho mil (188 mil)
personas y el del año 1895 trescientas noventa y cuatro mil
(394 mil). Dichos totales constituyeron alrededor de 21,9 % y 23,9%
de los respectivos totales de la población total ocupada
en el País.
En lo que respecta
a la tenencia de la tierra, el CNP del año 1895 registró
setenta y cinco mil (75 mil) estancieros y ciento setenta y dos
mil (172 mil) propiedades agrícolas. De éstas últimas,
ciento cuatro mil (104 mil) estaban trabajadas por sus propietarios
y sesenta y ocho mil (68 mil) por arrendatarios y medieros. Por
lo tanto, de las trescientas noventa y cuatro mil (394 mil) personas
censadas en actividades agropecuarias, doscientas cuarenta y siete
mil (247 mil) eran titulares de las EAP (explotaciones agropecurias)
y ciento cuarenta y siete mil (147 mil) trabajadores permanentes.
A nivel nacional,
entre 1895 y 1914 la población total censada creció
a una tasa acumulativa anual 3,7 %, pasando de unos cuatro millones
(4 millones) a alrededor de siete millones novecientos mil (7,9
millones) habitantes.
Ricardo M. Ortiz
destacó que entre los años 1914 y 1920 el País
fue de emigración, situación que se revirtió
en el lapso 1921-1930, a partir de cuya finalización prácticamente
quedó clausurado el proceso sostenido de inmigración
(en virtud del Decreto dictado el 8/11/1932 y de los principales
efectos de la crisis de los años '30 sobre los sectores productivos)
que caracterizó el crecimiento demográfico nacional
entre 1857 y 1914.
El CNP del año
1908 informó un total de quinientos setenta y ocho mil (578
mil) obreros ocupados bajo régimen permanente en tareas de
la agricultura y setecientos veinticinco mil (725 mil) temporarios,
principalmente en tareas de cosecha, de los cuales quinientos veintidos
mil (522 mil) eran requeridos en las provincias del Este, mientras
que las actividades pecuarias ocupaban seiscientos treinta y cinco
mil (635 mil) trabajadores permanentes y trescientos cincuenta y
cinco mil (355 mil) temporarios. Por lo tanto, el CNP informó
la existencia de dos millones doscientas noventa y tres (2.293.000)
personas asalariadas en actividades agropecuarias.
El mismo CNP
informó los movimientos interprovinciales de trabajadores
temporarios. Así, por ejemplo, de los ciento diez mil (110
mil) trabajadores ocupados en el cultivo de la caña de azúcar
en Tucumán, sesenta y seis mil (66 mil) formaban parte de
la población rural de otras Provincias y concurrían
a Tucumán como mano transitoria. Lo mismo sucedía
con la mano de obra transitoria empleada como hacheros en Santiago
del Estero y en el Chaco, o en las cosechas de yerba mate en Misiones
o de uva en Mendoza y San Juan.
Por otra parte,
el CN del año 1914 informó un total de dos millones
ciento veintiseis mil (2.126.000) personas en labores agrícolas.
De ellas, seiscientos veintiseis mil (626 mil) eran empleados y
"peones", mientras que el resto fue censado como familiares
de los titulares de las EAP.
Según
el CN del año 1914, la población rural estaba constituida
por tres millones trescientas mil (3,3 millones) personas, o sea
un millón (1 millón) más que en el año
1895, mientras que la urbana había pasado de un millón
seiscientos sesenta mil (1,66 millones) a cuatro millones quinientos
setenta mil (4,57 millones). Por lo tanto, la población rural
constituía en el año 1914 alrededor de 41,9 % de la
población total del País. O sea que la participación
de la población rural en la total del País continuaba
disminuyendo como resultado del proceso de urbanización.
Estimaciones
realizadas por el Ingeniero Bunge para el año 1930 informaron
un total de tres millones seiscientos mil (3,6 millones) habitantes
en el medio rural, o sea 32% de la población total del País.
En dicho año la población urbana superaba a la rural
en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Entre
Ríos, Mendoza, San Juan y Tucumán, mientras que en
el resto de las Provincias la población rural continuaba
siendo superior a la urbana.
A nivel global,
la población rural del País continuó creciendo
hasta alrededor del año 1960, decreciendo en los años
posteriores como puede observarse a continuación:
Cuadro Nº1
Evolución de la Población Rural * (en miles de habitantes)
Censos de los años 1960, 1970, 1980 y 1991
CONCEPTOS 1960
1970 1980 1991
POBLACION RURAL (1) 5.252,2 4.910,5 4.754,6 4.179,4
* la que se encuentra en núcleos humanos de menos de 2.000
habitantes.
(1) incluye la población que vive en explotaciones agrícolas
y la población dispersa en el medio rural.
Por otra parte,
la evolución del personal ocupado en actividades agropecuarias,
según los resultados de los Censos Nacional Agropecuarios
(CNA) realizados en los años 1908, 1914, 1937, 1960, 1969
y 1988 fue la siguiente:
Cuadro Nº2
Evolución de la Mano de Obra Ocupada en el Sector Agropecuario
Según los CNA de los años 1908, 1914, 1937, 1960,
1969 y 1988
CATEGORIAS Año
1908 Año 1914 Año 1937
Permanentes en Actividad Pecuaria 634.818 s/i s/i
Transitorios en Esquila 261.720 s/i s/i
Transitorios en otros trabajos pecuarios 84.008 s/i s/i
Permanentes en Agricultura 578.055 s/i s/i
Transitorios en Cosecha 724.870 s/i s/i
Familia del Titular de Tenencia s/i 1.500.000 1.191.986
Empleados y "Peones" s/i 625.870 s/i
Personal Fijo s/i s/i 286.468
Personal Transitorio s/i s/i 520.619
TOTAL 2.283.471 2.125.870 1.999.073
Nota: s/i, los Censos no informaron estas categorías.
A continuación
se presenta la información correspondiente a los Censos posteriores
al año 1937.
Cuadro Nº2
(continuación)
Personas que Trabajan en Forma Permanente
en Explotaciones Agropecuarias (CNA de 1960, 1969 y 1988)
CATEGORIAS Año
1960 Año 1969 Año 1988
Productores 418.215 625.001 378.925
Familiares 536.246 655.513 309.118
No Familiares 319.802 281.193 344.172
Transitorios 212.582 240.451 s/i
TOTAL 1.486.845 1.802.158 1.032.215