Existen
circunstancias históricas en que una generación
debe asumir la responsabilidad de definirlos lineamentos fundamentales
con los que un país o región responden a los desafios
de las transformaciones de su tiempo.
Argentina
se enfrenta, contemporaneamente, con cuatro desafios: recuperar
el crecimiento económico después de la década
perdida de los años 80 y de la recesión de estos
años, concretar y consolidar el proceso de integración
del MERCOSUR, definir la forma de su inserción en un mundo
en profunda transformación como consecuencia de la revolución
tecnológica y productiva que se está desarrollando
en nuestros días y simultáneamente, lograr la reconstrucción
de principios de justicia social que hagan partícipes a
sus habitantes de la riqueza que contribuyen a generar.
El
Justicialismo como movimiento político debe pasar revista
al último cuarto de siglo en el que perdió una generación,
promovió cambios estructurales con concepciones ajenas
a su historia que provocaron la drástica concentración
del ingreso nacional y, como resultado, hoy la mitad de la población
del país se debate por debajo de la línea de pobreza,
contrariando un principio básico de su ideario político,
el de justicia social.
La
generación justicialista del 2000 tiene similares responsabilidades
históricas a las que asumió a mediados de los 40,
cuando Perón transformó la vida política
argentinasintetizando en su proyecto de una Nueva Argentina el
plano doctrinario y estratégico de su visión del
mundo, la coherencia de acción cotidiana en la gestión
pública y la participación del Pueblo en su constitución.
Como
país, como sociedad, como movimiento político, debemos
promover el debate sobre los temas centrales de nuestra configuración
actual, de nuestras perpectivas futuras, del proyecto de país
que nos fijamos como objtivo.
Si
las empresas para sobrevivir a estos desafios deben recurrir a
su programación estratégica, resulta inconsebible
que los paises se limiten a un activismo irreflexivo en la conyuntura.
Se pretende justificar en la urgencia de los problemas inmediatos
la falta de elaboración de proyectos cuando, por el contrario,
es la falta de un Proyecto lo que nos hace esclavos de las urgencias.
En
esta falta de visón estretégica y prospectiva se
incluye el abondono de nuestra reflexión acerca del territorio,
la infraestructura, la educación, la cultura, la ciencia,
la tecnología, la salud y la determinación del perfil
productivo y ocupacional que es posible construir a partir de
lo que somos y tenemos.
Nada
más categórico que las altas tasas vigentes de desempleo
y las difucultades financieras y económicas de un país
al que sus recursos naturales, técnicos, humanos y productivos
debieran permitirle a otros horizontes de crecimiento y bienestar.
En
una perpectiva política es necesario recuperar la capacidad
de un Estado eficiente y calificado para cumplir su función
orientadora y promotora para la elaboración y diseño
de un Proyecto de país federal, motivador de esperanzas
y promotor de compromisos.
La
modificación sustantiva de contenidos científicos
y tecnológicos en los que se basa la organización
de la producción forma parte, promueve y condiciona profundas
repercusiones en las dimensiones económicas, sociales,
culturales, educativas poblacionales y políticas de la
totalidad de los sectores y países y de las relaciones
entre ellos.
En
la actualidad se esta desarrollando un proceso de transformación
tan intenso y generalizado que es posible reconocer en nuestros
días en punto de inflexión a partir del cual habrán
de modificarse todos los aspectos de la realidad, tal como ocurriera
en otros momentos históricos y que obliga a la presente
generación a plantearse algunas de las definiciones más
significativas para el futuro argentino.
Construir
un PROYECTO DE PAÍS, implica debatir sus lineamientos y
prioridades, recuperar la visión estratégica, superar
la concepción consumista de gente por el compromiso como
Pueblo, determinar la forma de su inserción continental
y mundial y, por sobretodo, actualizar, para reconocer los cambios
de los tiempos, los valores permanentes de Soberanía Política,
Independencia Económicay Justicia Social, que no solo han
perdido su vigencia, sino que resultan mas actuales que nuncaen
esta etapa de transformación que está experimentando
la sociedad humana.
Hay
palabras y conceptos que han perdido su sentido y su valor social,
desgastados por la corrupción, la soberbia, la obsecuencia
y la impunidad: responsabilidad social, vocación de servicio,
compromiso, Patria y Pueblo, parecen expresiones del pasado cuando,
en verdad, constituyen los elementos de la transformación
ética de la sociedad, de la recuperación doctinaria,
de un movimiento que ha olvidado su pasadoy, en consecuencia,
del renacimiento de una Nación que hoy está desorientada.
La
propuesta no es utópica, si la utopía se percibe
como sueño. La propuesta es recuperar la epopeya, que es
una utopía que se construye con el trabajos de cada día.